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Algo está pasando con el teatro musical en México. Y es bueno. Actores y productores independientes han fundado sus propias compañías para montar los musicales que a ellos les gustan, al margen de las posibilidades que ofrece OCESA Teatro
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Julio Quijano
El Universal
Viernes 21 de marzo de 2008

julio.quijano@eluniversal.com.mx

Algo está pasando con el teatro musical en México. Y es bueno. Actores y productores independientes han fundado sus propias compañías para montar los musicales que a ellos les gustan, al margen de las posibilidades que ofrece OCESA Teatro, la empresa que actualmente tiene más poder en este terreno.

Todo esto, a pesar de que en México, hacer musicales de manera independiente no es un buen negocio. “Todo el mundo jura que nos vamos a volver millonarios, pero la verdad es que ni siquiera es un buen negocio”, dice en tono de confesión Antonio Romero, fundador de Animma3, productora integrada también por los actores Natalia Sosa, Beto Torres, el músico Isaías Jáuregui, y la coreógrafa Mónica Bravo. Su primer proyecto, actualmente en el Teatro Rafael Solana, se llama Tick tick boom.

Otro caso es el de Daniel Birman, productor de cine (parte de la dinastía Ripstein), quien tiene a su cargo Alameda Films pero que este año creó una nueva sección de dicha empresa para producir Avenue Q, en colaboración con Felipe Fernández del Paso.

Será su primera experiencia y se dice dispuesto a pagar la novatada: “Estoy consciente de los riesgos de montar musicales, pero son los mismos que corres al producir cualquier tipo de arte y en cualquier parte del mundo. Hacer cine y hacer teatro han resultado cosas similares. Es obvio que estoy aprendiendo del negocio del teatro, pero muchas cosas del cine las he aplicado para Avenue Q”.

Con un pensamiento pragmático, Birman asegura: “No estoy pensando en hacerme rico, pero sí lo veo como un negocio, igual que cualquier película”.

Hace unos tres años, Álvaro Cerviño tuvo la idea de parodiar los más populares musicales de Broadway en un espectáculo en el que se involucraron Lolita Cortés y su hermana Laura, además de Anabel Dueñas, Iván Caraza y Enrique Chí. No se trataba de una musical de gran formato sino de “un show que cabía en dos baúles”, según cuenta Cerviño, pero de cualquier forma fue un buen negocio que incluyo una gira por el interior de la República.

Lolita Cortés explica: “Afortunadamente he podido vivir de mi trabajo. No soy una persona que viva con lujos, pero soy una persona que ha podido vivir bien y mantengo a mi familia además”.

Es obvio que detrás de estos intentos hay ideales. Para Animma3 es muy claro que el dinero es secundario: “Ahora tenemos la libertad de escoger el tipo de proyecto que nos gusta. Te repito: no nos estamos haciendo millonarios, pero nuestro sueño es traer teatro a un precio accesible y que la gente disfrute”, dice Natalia Sosa.

En Felipe Fernández del Paso y Daniel Briman el sueño tiene un aspecto más personal: “Yo vi la obra en Nueva York y de inmediato supe que era algo que se podía montar en México y decidimos arriesgarnos junto con otros tres socios”.



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