j.quijano@eluniversal.com.mxCarlos Rivera viene de una familia matriarcal, y de alguna manera eso dificultó su actuación en Orgasmos, la comedia.
Su personaje es el de un tipo que confiesa las debilidades de los hombres y, sobre todo, muestra su aspecto de macho y patán en las relaciones de amor.
El viernes por la noche dio su primera función y además de su herencia matriarcal, Rivera se enfrentó a su imagen de chavo bien portado que lo persigue desde su comienzo como cantante en un programa de realidad simulada.
Su personaje no sólo es mal portado, sino que suelta una que otra majadería y frases de doble sentido.
Al final, Rivera se sintió a gusto con el resultado:
“Conseguí ser el macho que requería la obra y eso me tiene muy contento, porque me demuestra que cada proyecto me permite crecer en mi objetivo de ser un artista con prestigio.”
En efecto, luego de su meteórico ascenso como cantante, Rivera decidió que no había razón para instalarse en la comodidad que ofrece la televisión con todo y la frivolidad y el amarillismo que la rodea, así que decidió buscar una oportunidad en teatro.
Hace dos años se presentó como artista invitado en el musical Bésame mucho y ahora repite en Orgasmos, que es una obra de cámara. Es decir, que fue su debut como actor.
De hecho, dentro de la obra, su personaje dice una frase que alude a su situación personal: “La gente ha de decir de mi: ‘Qué bárbaro éste muchacho, si se dedicara a cantar sería un éxito’”.
En efecto, como cantante Rivera tiene mucho éxito. Lo que se busca ahora es que la gente cuando lo vea cantar diga: “Qué bárbaro éste muchacho, si se dedicara a actuar sería un éxito”.