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´La Vitola´ se retiró a tiempo

Fanny Kauffman decidió dejar de trabajar cuando sintió que el público ya no reía con ella como antes; actualmente vive retirada de toda actividad, "mi fortuna han sido mis hijos, aunque desgraciadamente dos de ellos me dieron el dolor más grande de mi vida: murieron uno tras otro en sendos accidentes"
Lunes 22 de enero de 2007 El Universal

Orgullosa de haber vivido como vive hasta el presente, a sus 82 años de edad, Fanny Kauffman acepta que el estrellato no estuvo a su alcance, pero está conforme con lo que Dios le ha dado, en lo personal y artísticamente. Sabe que como el cine mexicano, ella también tuvo "su época de oro".

Actualmente vive retirada de toda actividad, "mi fortuna han sido mis hijos, aunque desgraciadamente dos de ellos me dieron el dolor más grande de mi vida: murieron uno tras otro en sendos accidentes".

Contra lo que se piensa siempre, la popular y querida actriz no es de origen cubano, sino canadiense, "pues nací en Toronto debido al largo viaje que hicieron mis padres desde el viejo mundo". Después de un tiempo en Canadá decidieron trasladarse a Cuba, anclando en la Habana, donde vivimos 22 años".

"A los 22 años me convertí en Vitola...", comenta la actriz en la sala de su casa, donde charla animadamente.

Buena voz, cara de risa

Pero vino un cambio total para la hija de los Kauffman Weiner, "porque a los ocho años de edad me atrajo la artisteada, además de que mi gran ilusión era llegar a ser cantante de ópera. Es más, me inicié cantando opereta, pero por muy poco tiempo, ya que por mi delgadez y mi cara, la gente se reía de mí, no por no saber cantar, sino por mis gesticulaciones que provocaban la carcajada".

A la incipiente intérprete le mortificaba la actitud de la gente, ignoraba qué pasaba con ella, "a los 11 años y medio mis pasos se encaminaron por la actuación cómica, dejando prácticamente a un lado el baile y el canto. Apoyada por mis padres asistí a un concurso de radio. Buscaban una niña para el programa titulado La escuelita diaria. Participé y gané el certamen".

La señora Kauffman rememora de pronto, que ese día, el del concurso radiofónico, "me fui vestida exactamente como La Chilindrina, para que vean que no hay nada nuevo bajo el sol. La chica fue incorporada al programa interactuando con dos prestigiados cómicos cubanos del momento, Agapito y Timoteo, así como el maestro Abel Barrios. Ahí surgió para ella el mote de Vitola, que le ha acompañado toda la vida, "fui yo misma quien me lo escogí, tomando como base unos puros cubanos llamados así. Eran unas vitolas muy sabrosas que costaban más que los otros puros".

´Tin Tan´ a escena

Al poco tiempo de su llegada a la ciudad de México, Fanny cumplió los 23 años de edad. Un buen día, Tin Tan fue a verla al Arbéu. Había entrado al Arbéu de incognito y de inmediato pidió que le ofrecieran un contrato para filmar con él, "¡ah, cómo recuerdo aquel momento en que me propusieron trabajar en El rey del barrio! Fue la primera película que Tin Tan y yo hicimos juntos ¡ y pensar que se volvió filme clásico del cine mexicano!".

Casi desde un principio Germán Valdés y Fanny Kauffman hicieron clic, se convirtieron en pareja perfecta, permitiendo con ello filmar juntos un gran número de películas, "nuestra amistad fue mucho muy grande. Era muy lindo, pero no sólo conmigo, con todo el mundo. Un gran compañero como no ha habido otro, créanmelo. También recuerda mucho a Adalberto Martínez Resortes y a Pedro Infante con quien filmó También de dolor se canta, ambos, dice, "fueron unos compañerazos, inolvidables". La actriz siente nostalgia de aquel tiempo que le tocó vivir, "y de todos los productores, camarógrafos, directores y desde luego de mis compañeros actores.

"Vivíamos como en otro mundo a no ser que yo venga de otro mundo por eso veo hoy las cosas tan distintas. Todo muy revuelto, complejo. Está para llorar".

Mujer ´muy aventada´

Aunque ha embarnecido, Fanny Kauffman sigue siendo una mujer delgada y alta, contra lo que pasa con la gente de su edad, ha mantenido su estatura. Cada vez que ríe se le iluminan los ojos detrás de los grandes lentes que hoy en día usa para ver mejor. "Acepta que no le costó trabajo adaptarse a nuestro país, "pero debo decirles que el de 1946 era otro México, un México más humano, menos envidioso y egoísta. Otro tipo de país, su gente también era de manera diferente, con otra educación y, sobre todo, había menos habitantes, tal vez eso ha tenido mucho que ver a como se vive hoy aquí. "Tengo 60 años viviendo en México", y ataja la interrogante y dice: "No me pregunten si soy cubana o canadiense, soy mexicana. Humberto Elizondo Alardine, diplomático mexicano, padre de mi hijo del mismo nombre, me hizo mexicana al año de estar yo aquí, cuando decidió proponerme matrimonio y casarse conmigo. Pero primero me metió al ´bote´...", recuerda con sonora carcajada, "usó sus influencias políticas para presionarme".

Adelante explica: "Miren, quien se convertiría en mi marido más adelante, fue a ver la función al Arbéu y le gustaron mucho mis comicidades. También cantaba en serio, aprovechando mi voz de soprano. Al salir de la función me fue a ver al camerino y me dijo: La invito a cenar. Pues vámonos, le respondí. Era yo muy aventada. Me llevó a cenar y luego nos seguimos viendo y viendo hasta que de pronto me afirmó: ´Me quiero casar contigo´. Nos casamos, en seguida nació mi primer hijo".

En total contrajo matrimonio tres veces, mismas ocasiones que se divorció "y tuve cuatro hijos, el primero fue Humberto, el segundo David, que vive aquí conmigo, lo mismo que mis dos nietos y mi nuera. Moisés y Abraham, que tuve en mi segundo matrimonio, quienes murieron en sendos accidentes hace 20 años. Ha sido el dolor más grande de mi vida. Para mi fortuna mi hijo Humberto me echó para adelante".

Ni millonaria, ni frustrada

Hoy Fanny no se siente frustrada por no haberse podido realizar como cantante de ópera, que era su gran ilusión, "al principio sí me sentía mal. Después lo pensé bien porque sinceramente, entre las cantantes de ópera no hay muchas que vivan muy bien. Claro, no soy millonaria, pero sí una mujer muy trabajadora, que supo sacar adelante a sus cuatro hijos y a sus padres a quienes me los traje de La Habana a México".

Reconoce que sí hizo dinero, pero no amasó gran fortuna alguna debido a su adicción por el juego de pocker, que le fascinaba y la llevó a perder dos casas y más de 100 centenarios. Jugaba con gente de mucho dinero, no del medio artístico, sino de la colonia israelita de México. Aparte "era malísima para jugar".

A pesar de lo anterior, "soy sincera: mi carrera artística me ha dejado tanto dinero como satisfacciones.

El patrimonio de Vitola hoy en día es su casa de Uxmal; vive con lo que le da la ANDA (Asociación Nacional de Actores); la ANDI (Asociación Nacional de Intérpretes), la mensualidad que le destina Humberto Elizondo, su hijo, "y hastas ahí. Es más, no tengo cuenta bancaria".

A pesar de todo, decidió dejar el show bussines a los 72 años de edad.

"Un día estando en la ciudad de Nueva York al salir al escenario, me percaté de que ya me cansaba mucho, que la gente no se reía igual que antes; que no había la misma cantidad de público en el teatro.

Fue entonces que dije: ya no quiero trabajar. Hoy mismo me retiro y me retiré. Es más, a mi hijo Humberto le he dado un consejo sabio: el día en que te des cuenta de que la gente ya no pague por verte y te cueste trabajo entrar en acción, retírate, sin escándalo ni alharaca. Me mantengo vigente porque por la tv pasan mis películas, pero mis admiradores de antaño, estoy segura, ya fallecieron casi todos".



 

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