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Para Paola Durante el 7 de junio también fue una fatídica fecha

Su madre, doña Silvia Ochoa Vázquez, refiere que desde niña se sintió atraida por el ambiente artístico; incursiona como edecán a los 18 años en diversas empresas. A su pequeña hija Stephanie sólo la ve los fines de semana
Para Paola Durante el 7 de junio también fue una fatídica fecha

. (Foto: EL UNIVERSAL )

Miércoles 07 de junio de 2000 Susana Lara y Sonya Valencia/?Mujeres de Contenido? | El Universal

El 7 de junio de 1999 al mediodía, Paco Stanley (comediante y conductor de programas de Televisión Azteca) fue asesinado dentro de su camioneta, estacionada temporalmente en uno de los carriles laterales de Periférico Sur, en la ciudad de México. Paola Durante nunca se imaginó que su calvario estaba a punto de comenzar.

El 9 de agosto de 1999 fue lunes y parecía uno más en la vida de Paola Durante Ochoa, quien había sido edecán del programa televisivo de Stanley ?Una tras otra?. Como de costumbre, se levantó temprano para mandar al kinder a su hijita Stephanie (entonces de 4 años de edad) mientras su madre, doña Silvia Ochoa Vázquez, y su padrastro, Carlos Masso, se disponían a cumplir con sus respectivas ocupaciones, lo mismo que sus hermanos Gonzalo Martín y Lucía. (La señora Silvia es gerente de compras de la empresa Music Center, ubicada en el centro de la ciudad de México).

Sin embargo, esa fatídica fecha cambió el rumbo de la existencia de la guapa edecán: En un momento dado, hombres con inocultable facha de policías judiciales la abordaron y la conminaron a acompañarlos a las oficinas de la PGJDF, donde ?se requería su declaración?, relacionada con el asesinato de Stanley. Un tanto sorprendida, pero confiada, Paola los obedeció.

Luego de varias horas de interrogatorios, la joven fue conducida a otro vehículo que se dirigió hacia la calle de Doctor Valenzuela, en la colonia Doctores, y se estacionó frente al Hotel Miguel Ángel. Mientras caminaba con los judiciales por uno de los oscuros pasillos del establecimiento, se le dijo que ella y otros coacusados serían careados allí con las personas que los inculpaban. No obstante, en cuanto entró en la habitación que se le había asignado, se le informó que estaba bajo arraigo. Esto significaba que no podría salir de su cuarto. ?¿Por cuánto tiempo??, preguntó inquieta Paola. ?Por el que sea necesario?, fue la respuesta.

Esa noche, en conferencia de prensa, el procurador general de Justicia del Distrito Federal, Samuel del Villar, anunció que: De acuerdo con las investigaciones, el asesinato de Francisco Stanley había sido un ajuste de cuentas por deudas con el narcotráfico; el autor intelectual era el presunto traficante de drogas Luis Ignacio Amezcua y el autor material, Erasmo Pérez Garnica, alias ?El Cholo?. En la realización del crimen participaron colaboradores del animador de televisión, entre ellos Mario Rodríguez Bezares y Paola Durante Ochoa (supuestamente Paola había sido el enlace entre Amezcua, Pérez Garnica y Rodríguez Bezares).

¿El móvil? Que Stanley debía ?ya mucho dinero? al narcotraficante por negocios de drogas, Mario Rodríguez Bezares, a su vez, ?saldaría la deuda con ellos y se libraría de la que tenía con Paco Stanley?. En cuanto a Paola, supuestamente Amezcua le había ofrecido una buena suma de dinero.

Pasmada, Paola recorrió con la vista el cuarto, amueblado apenas con una cama matrimonial, un buró y un sillón de mala calidad. Sobre la colcha, corriente y gastada, se desplomó ahogada en llanto. En cuartos vecinos se hallaban Jorge García, el chofer de Stanley, así como José Luis Martínez, asistente de Mario Bezares.

La madre, la hermana y el padrastro de la edecán, quienes habían seguido las diligencias, discutían en vano, alterados, con los representantes de la justicia. Aducían la inocencia de Paola. Por momentos, ésta preguntaba por Stephanie, a quien dio a luz cuando tenía 19 años de edad. ¿Estaba bien? ¿Cómo le habían explicado su ausencia? Doña Silvia la tranquilizaba.

Durante sus 18 días en el hotelucho, Paola sentía que se asfixiaba. A ratos leía los periódicos, escuchaba la radio o miraba la televisión; hablaba por teléfono con su hija; cambiaba impresiones con su abogado, Juan Luis Montero. Pero las noches eran de insomnio. Rubia, de grandes ojos azules claro, largas pestañas de rizado natural, labios carnosos, menuda de cuerpo y con rostro de inocencia, su piel se veía marchita y tenía marcadas profundas ojeras.

El viernes 27 de agosto se esfumó la esperanza de libertad: el secretario de acuerdos del Juzgado 55 le transmitió la decisión judicial de consignarla penalmente por ?homicidio en grado de tentativa y lesiones?. Presa de una crisis nerviosa, la joven rompió a llorar histéricamente, lo mismo que su hermana. Su padrastro (quien ha convivido con Paola desde que ella tenía escasos 4 años de edad) y su hermano Gonzalo Martín, hacían intentos infructuosos por reprimir su desesperación y su ira.

Doña Silvia, una guapa mujer delgada, de largo cabello rubio, ojos verdes y gran fuerza de carácter, estrechaba a Paola contra su pecho mientras gritaba. ¿Cómo era posible que inculparan a su hija si el 22 de abril (día de la supuesta reunión con Amezcua en el Reclusorio Sur)... Paola se había pasado de las 10 de la mañana a las 10 de la noche trabajando como edecán en un evento en el Auditorio Nacional? ?Pueden comprobarlo en la agencia de modelos RT Eventos, que la contrató?, pedía.

Entre todos los detenidos, Paola (con el apoyo de su familia) fue la única que emprendió los trámites para solicitar un amparo.

Paola Durante Ochoa fue trasladada al Reclusorio Preventivo Oriente, por los rumbos de Xochimilco. Como en un mal sueño, escuchó las instrucciones de la celadora. Mudó sus ropas ordinarias por el reglamentario uniforme beige; depositó sus pertenencias en el lugar indicado y se le condujo a la celda que compartiría con otras internas.

Conocimos a la desafortunada edecán cierto día que se efectuaba una diligencia en la cárcel. Apareció tras la rejilla de prácticas y su presencia nos conmovió: llevaba los ojos y la boca ligeramente maquillados, el cabello recogido en cola de caballo. Parecía desvalida, quieta en un rincón de la sala de audiencias, en espera de que su abogado le trajera noticias sobre su caso.

La madre de Paola y su marido Carlos Masso aguardaban el momento oportuno para cruzar siquiera algunas palabras con su hija.

Silvia Ochoa, nacida en Uruguay, arribó a México hace 20 años, divorciada y con dos hijos, Paola y Gonzalo Martín. Poco después contraería aquí segundas nupcias con el señor Masso, un hombre alto, de origen árabe y con quien procreó a Lucía, la menor de sus vástagos. El señor Masso considera a Paola como su propia hija. ?Siempre ha sido muy buena muchacha, trabajadora y muy ingenua?, manifiesta.

Doña Silvia tercia: ?Desde niñita se sintió atraída por el medio artístico. A los 18 años debutó como edecán en algunas empresas. Así llegó a TV Azteca, al igual que Lucía? (en la actualidad, ésta última sigue siendo edecán de la televisora).

Afirma que se sintió muy orgullosa cuando Paola fue contratada para el programa de Stanley. Lucía, presente asimismo en el reclusorio, expresa: ?No tenerla con nosotros y pensar que permanece encerrada siendo inocente representa un dolor intenso para toda la familia. Mis padres, mi hermano, su hija y yo la extrañamos muchísimo. No es justo que la tengan allí dentro?.

¿Y qué pasa con Stephanie? Sus abuelos y sus tíos la llevan los fines de semana a ver a su mamá. ?Ella es quien más resiente la ausencia de Paola -apunta la señora Ochoa-. Cuando la ve, le dice: ?Mamá, ¡qué bonita estás! ¿Cuándo regresas a la casa?? Paola habla todos los días con la niña, le pregunta por su escuela, por su tarea...?

Apesadumbrada, la familia celebró la Navidad con Paola en la prisión y recibió allí mismo el año 2000. El convivio osciló entre la alegría y el llanto. Más patético resultó el festejo del quinto cumpleaños de Stephanie. Esmeradamente arreglada, la niña llegó al área de visitas de la cárcel acompañada por sus abuelos y tíos, quienes llevaban el pastel. Mientras la pequeña apagaba las típicas velitas. Paola se enjugaba las lágrimas. Pero, después de casi un año, la despedida entre ambas fue tranquila. No ocurrió como la primera vez que Stephanie vio a su madre en la cárcel: azorada, al cabo de un rato la jalaba de la mano y la instaba a salir: ?¡Ya vámonos de aquí! ¡No me gusta este lugar?. Doña Silvia debió arrancarla de los brazos de Paola cuando llegó el tiempo de retirarse.

En el reclusorio un mostrador separa a los visitantes del enrejado espacio donde aparecen los presos durante las diligencias. Con lágrimas en los ojos y fumando un cigarrillo tras otro, doña Silvia Ochoa narra que, en cuanto puso un pie en el penal, el ánimo de Paola se vino abajo. ?Mi hija no comprende por qué, siendo inocente, se halla encarcelada. Está deprimida. A veces la animan a participar en las sesiones de aeróbicos y otras trata de trabajar en algún taller, pero no termina lo que empieza. No tiene cabeza ni paciencia para nada. Siente que la vida dentro del reclusorio no es la suya.?

Ahora que el propio titular de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Luis de la Barreda, aboga por la inocencia de Paola Durante y que se retractó públicamente Gabriel Valencia López (el cocinero de Luis Amezcua, quien la implicó en el asesinato de Paco Stanley), la joven se halla tranquila y esperanzada.

La noche en que Valencia leyó su testimonio ante las cámaras de Televisa y Televisión Azteca, Paola declaró: ?En lo único que he pensado durante todo el tiempo que he estado en la cárcel es en mi hija. Quiero estar con ella y con mi madre, quien me ha infundido valor para seguir luchando?.

El pasado 17 de abril, Paola cumplió 24 años de edad.



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