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Almodóvar apuesta por la palabra en "Hable con ella"


Domingo 10 de noviembre de 2002 Jaime Iglesias Gamboa | El Universal

"A ver si todo esto acaba de una vez para poder empezar a trabajar en un nuevo proyecto", estas fueron las palabras pronunciadas por Pedro Almodóvar en su primer encuentro con la prensa española, tras el Oscar logrado por Todo sobre mi madre .

Reponerse de un éxito nunca es fácil, y el de aquella película lo fue a nivel mundial, de ahí que el cineasta manchego se concediera más tiempo que de costumbre para alumbrar una nueva obra, el resultado fue Hable con ella , que se estrenó en salas de todo el país tras la calurosa acogida que ha recibido por parte de los espectadores de media Europa. Pero el parto resultó complicado, el propio realizador afirma que éste ha sido "su trabajo más difícil", en el camino quedaron abortados proyectos como "The paper boy", filme que iba a suponer su debut en el cine estadounidense, o "La mala educación" cuyo rodaje se suspendió al no dar Almodóvar con los actores adecuados. En cualquier caso estos dos títulos mantenían un punto de coincidencia con el que finalmente ha sido su decimocuarto largometraje: el protagonismo de unos personajes masculinos. Hecho éste, insólito en la filmografía del español (excepción hecha de Carne trémula ) de quien se ha llegado a decir que, después de George Cukor, es el mejor director de actrices que ha dado la historia del cine. Aunque bien mirado, quizá Hable con ella no está tan alejada del resto de películas de Almodóvar como, en un principio, y a simple vista, pudiera parecer.

Las heroínas sobre las que caía el peso de sus anteriores realizaciones, eran, por lo general, mujeres al límite de sus facultades, y las protagonistas de Hable con ella permanecen tan al límite que se pasan más de la mitad de la película en coma. Pero no se trata por ello de sujetos pasivos, al contrario, son ellas quienes, desde su estado de bellas durmientes, desencadenan la práctica totalidad de situaciones que acontecen a lo largo de esta historia, quizá la más hermosa de cuantas ha filmado Almodóvar, dicho sea de paso. Queda entonces el protagonismo de los hombres, unos hombres tanto el enfermero que cuida de una de las pacientes como el novio de la otra, torera por más señas cuya misión será, desde ese momento, lograr la resurrección de esas dos almas encerradas en cuerpos inertes de mujer, y el mejor arma para devolver la vida a cualquier ser amado es la palabra, la palabra de afecto, de apoyo, de complicidad. De ahí el título de la película, Hable con ella , consejo que da Benigno, el enfermero a Marco, el periodista, cuando contempla el desconcierto de éste al ver a su amada postrada en una cama, carente de vida.

La película se convierte así en una encendida defensa de la palabra como fuente de vida, de la comunicación como herramienta imprescindible en la superación de las situaciones más adversas, incluso de aquellas cuya solución se antoja más improbable. Tal es la apuesta de Almodóvar que para la ocasión maneja un tono sombrío e íntimo, un romanticismo de corte trágico que ya había aparecido en anteriores obras suyas, pero que en esta ocasión el cineasta controla de un modo pleno, sin ambages. De ahí el hondo impacto emocional que se apodera del espectador durante el último tercio de la película, cuando su director se atreve a abordar un tema delicado y espinoso como es el de la necrofilia sin caer, en ningún momento, en el mal gusto o en la provocación gratuita, logrando, al contrario, la complicidad del público hacia un acto de amor, en principio, tan contra natura.

Hace algunos años una historia de estas características, probablemente se le hubiera escapado de las manos a Almodóvar quien habría tenido que soportar todo tipo de reproches y vérselas con quienes le tachaban de degenerado. Hoy, sin embargo, da la sensación de que todas sus películas anteriores son fórmulas de perfeccionamiento, esbozos que le han permitido llegar a esta obra definitiva, o mejor dicho al último tercio de la misma ya que la primera parte de Hable con ella aparece contaminada por algunos de los vicios más evidentes que arrastra este cineasta desde sus inicios, a saber: propensión a elaborar tramas paralelas que no conducen a ningún sitio, sobreabundancia de personajes episódicos cuya única función es la de crear algún "gag" aislado, insertos que rompen con la intensidad de la narración principal, etcétera. En mitad de su última película Almodóvar introduce, por ejemplo, una suerte de cortometraje erótico titulado "Amante menguante" con el que, a la par que intenta homenajear la iconografía del cine mudo, pretende justificar en cierta medida lo que va a acontecer después, pero que sin embargo, lo único que consigue es distraer la atención del espectador hacia otros ámbitos. Y peor aún, una actuación de Caetano Veloso que resulta ridícula desde todos los puntos de vista.

Defectos, en todo caso, que son producto de las ambiciones narrativas de Almodóvar, realizador inquieto que si peca por exceso, rara vez lo hace por defecto. Normalmente no se contenta con ajustarse a una única línea argumental sino que siempre tiende a sobrepasarla por lo que sus películas acaban por tener una factura cercana al "collage", pero cuando consigue el control de la situación deja de ser un autor singular con una imaginación desbordante para erigirse en un cineasta soberbio.



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