“Buñuel fue un profeta”
El actor que interpretó a Julián en la cinta Los olvidados, afirma que el México de hoy está peor que el de 1950
RECUENTO. Amezcua dice que el cineasta español retrató a la sociedad mexicana de aquella época y a la actual (Foto: ARIEL OJEDA Y ARCHIVO EL UNIVERSAL )
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Cuando tenÃa 17 años de edad, Javier Amezcua se presentó al casting de Los olvidados (1950) con el uniforme de la Escuela Militar de Aviación, donde él estudiaba, lo que le daba un porte de muchacho serio y responsable. Luis Buñuel tenÃa perfectamente definido cómo deberÃan ser todos los personajes de esa pelÃcula, asà que de inmediato supo que ya habÃa encontrado a Julián, el joven que trabaja en una chicharronerÃa para mantener a una familia encabezada por un hombre alcohólico y desobligado.
Javier Amezcua, 60 años después, dice a KIOSKO que el cineasta español no sólo retrató a la sociedad mexicana de aquella época sino, proféticamente, a la actual.
“Ese genio se adelantó más de medio siglo”, afirma el actor en retiro, quien a lo largo de su existencia ha vivido en carne propia la inseguridad en México, incluido el secuestro de sus pequeños hijos y de su ex esposa, en la década de los 80.
¿Cómo era Buñuel?
Era un tipazo, muy amable y muy preciso en sus indicaciones; él sabÃa muy bien lo que querÃa de cada uno de los actores. A mà siempre me llamó por mi apellido, pero lo pronunciaba con acento en la “u”: Amezcúa.
¿Cómo fue el casting?
Nos hicieron varias pruebas: fotografÃa, dicción, memoria. Éramos como mil actores queriendo entrar. Ya que nos escogieron, Buñuel nos mandó a estudiar con el maestro Seki Sano, que tenÃa su escuela de actuación arriba del cine Chapultepec. Ahà estaban Miroslava, Pedro Infante, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, los hermanos Junco y muchos otros.
¿Dónde se filmó la pelÃcula?
En Tlatelolco, por la vÃa del tren y el puente, donde habÃa unas vecindades de madera. Como yo era el chicharronero, me tocó trabajar entre miles de moscas que se acercaban por el engrudo que utilizaban para pegar unas láminas negras. Muchos años dejé de comer chicharrón, pero ya se me pasó ese trauma. También se filmó atrás del Centro Médico, que estaba en construcción. A los mirones les llevaban dulces y tortas para mantenerlos tranquilos.
¿Qué tal el estreno?
Fue en el cine Mariscala, que estaba frente al Teatro Blanquita. Recuerdo que, por ingenuidad, me senté hasta atrás para que nadie me reconociera. La pelÃcula sólo duró tres dÃas en cartelera por los ataques tan tremendos que recibió. Es un gran orgullo haber participado en una cinta tan importante, aunque luego de 60 años de proyección yo no he cobrado ni un peso en regalÃas.
¿Por qué dejó la actuación?
Mi mamá era como mi representante, pero ella murió en esa época y cambió mi rumbo. Después de Los olvidados hice pequeños papeles en otras pelÃculas, pero nada realmente importante. Fui palero de El Jaibo (Roberto Cobo) en teatro y nos ganamos una lana haciendo varias temporadas. En 1959 salà egresado de la Facultad de Periodismo de Veracruz, trabajé en varios periódicos. Tuve una escuela de actuación en Veracruz, de donde salió nada menos que Ernesto Gómez Cruz. Luego entré al ramo de los restaurantes; me fue bien, pero terminé huyendo.
¿Cómo estuvo eso?
Fui compadre del ex gobernador de Tlaxcala, Emilio Sánchez Piedras, quien me dio a trabajar un restaurante campirano, donde me iba bien. Cuando él muere, aparece una gavilla de maleantes y me corren a balazos. Llegaban y tiraban ráfagas de ametralladora. No tenÃa caso seguir ahÃ.
Tengo entendido que secuestraron a su esposa en aquella época.
También a mis dos hijos pequeños. Estuvieron como un mes secuestrados, fue una experiencia tremenda; yo me enfermé de los nervios y los médicos no podÃan curarme.
¿Cómo hizo para pagar el rescate?
Vendà todo lo que tenÃa y, debo decirlo con agradecimiento, también me ayudó Tulio Hernández.
¿Cómo regresaron su esposa y sus hijos luego de esa experiencia?
Ellos se acuerdan muy poco de lo que pasó porque estaban muy pequeños, tendrÃan seis o siete años; les dieron un buen trato. Mi señora sà regresó muy mal; no querÃa salir ni a la tienda de la esquina. Entró en contacto con familiares que tenÃa en Houston y, de un dÃa para otro, se fue.
¿Qué opina de “El Jefe” Diego?
Bendito sea Dios que regresó bien, pero también puede ser un ardid polÃtico para proyectarlo como presidente de la República. Cómo voy a creer que luego de siete meses salga con salud impecable. No es lógico.
¿Seguimos viviendo en el paÃs de “Los olvidados”?
Sigue habiendo miseria y la violencia es más fuerte. He visto muchas veces cómo le arrebatan las bolsas a las señoras y nadie dice nada. Hace poco descubrieron una casa de seguridad de unos secuestradores cerca de donde vivo. Estamos peor ahora.

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