Aún en la sierra, vestía camisas de 100 dólares

Su vanidad lo acompañaba, sobre todo si había visitas importantes
Pese a estar alejado de la civilización, en la vivienda en la que se refugiaba el narcotraficante se encontraron camisas de seda (CORTESÍA DE LA MARINA)
2016-01-15
Dennis A. García
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El hombre de los mil millones de dólares, por los recursos que acumuló y que lo posicionaron en su momento en la lista de los hombres más ricos del mundo, dejó los lujos. Tras su fuga del penal de máxima seguridad de El Altiplano, Estado de México, en julio del año pasado, Joaquín El Chapo Guzmán optó por ocultarse en la zona que dominaba, ahí donde en cada rincón tenía halcones y sicarios que lo cuidaban de los operativos de las Fuerzas Armadas.

Enclavado en la Sierra Madre Occidental, el Triángulo Dorado fue su guarida, con esa cadena montañosa que sirvió de protección y dificultó al grupo de élite de la Secretaría de Marina-Armada de México irrumpir con facilidad, pues el sonido de los helicópteros lo alertaba y le daban ventaja al capo y a su cuerpo de seguridad.

Aunque pasaba los días de manera precaria, alejado de los lujos, el capo de 58 años de edad, líder del Cártel de Sinaloa, vestía “a la moda”, cuidaba su imagen. Su vanidad lo acompañaba, sobre todo si había visitas importantes.

En una de las casas en la que se ocultaba en la sierra, en la zona que separa Durango y Sinaloa, la Armada de México logró llegar, pero Joaquín Guzmán Loera ya había escapado con su grupo de sicarios; lo persiguieron, pero al final se evadió herido.

En un video que obtuvo EL UNIVERAL, sobre la operación que se realizó para capturarlo el 6 de octubre en la comunidad de Las Piedrosas, se observa cómo en la guarida a la que ingresaron los marinos El Chapo podía estar sin lujos, pero siempre cuidando su imagen.

En su intento de clóset tenía una docena de camisas de distintos colores, todas de la misma marca: Barabas. Quería sorprender con su estilo a La Jefa, Kate del Castillo, y al actor estadounidense Sean Penn, con quienes se reunió cuatro días antes para conceder una entrevista y planear el proyecto de su película autobiográfica.

A pesar de las condiciones precarias a las que lo orilló ser uno de los fugitivos más buscados del mundo, las camisas de 100 dólares en azul y rojo estaban listas, planchadas, colgadas, en contraste con el desorden reinante en las reducidas habitaciones.

El jefe del Cártel de Sinaloa descolgó de su improvisado clóset (hecho con un tubo) la camisa modelo “Fantasy”, de 128 dólares, para la foto con Sean Penn y la reunión planeada para conocer a Del Castillo el 2 de octubre, para ver a la “Ermoza” a la que texteaba con este nombre para mantener constante comunicación con la joven.

En otra reunión utilizó el modelo “Crazy Paisley”, del mismo precio, de acuerdo con los reportes de inteligencia del gobierno federal, en los que se detalla la relación entre estos personajes de la farándula y el capo.

En ese operativo de la Marina quedó la evidencia de que El Chapo había estado ahí escondido; logró escapar esa ocasión, pero dejó su docena de camisas y en la cama un libro: Zero Zero Zero, del escritor y periodista italiano Roberto Zaviano, en el que relata los secretos del mundo del narcotráfico, el negocio de la cocaína.

Ahí el hombre de estatura baja, lo que le ganó el mote de El Chapo, encontró su guarida en casas de seguridad con techos de láminas y vigas, algo a lo que no estaba acostumbrado pero era necesario para impedir su recaptura después de evadirse el 11 de julio de 2015 de la prisión de alta seguridad de El Altiplano.

Cuando la Marina logró ubicar el lugar donde se ocultaba con sus sicarios, después del encuentro con Kate del Castillo, el narcotraficante tuvo que dejar atrás el costoso guardarropa, la camisa con la que su imagen ha dado la vuelta al mundo, dando la mano al famoso Sean Penn, en la entrevista que hizo para la revista Rolling Stone.

En ese mismo cuarto en el que había dos camas matrimoniales con base de concreto y colchones, que era donde dormía Guzmán Loera, su gente también dejó maletas con sus pertenencias, artículos de aseo personal del capo y hasta sus sandalias de plástico.

Al parecer, además de la pantalla de leds, el otro lujo del que disponía en medio de la serranía era un baño ubicado en el pasillo del lugar, que el capo compartía con sus hombres del primer círculo de seguridad.

Es ahí donde el otrora hombre de la lista de millonarios de Forbes mataba el tiempo viendo programas de televisión en su pantalla empotrada en la pared —un lujo en medio de la sierra— y leía a Saviano.

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