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Confesión de principios

Cuenta con mayor jerarquía la información que entrega voz a quien no la tiene, que aquella que otorga bocina a los que ya poseen el privilegio de la atención pública. Entre prestarle vehículo a un ciudadano común y crecer la redundancia de un personaje público, es mejor hacer lo primero
31/12/2015
02:02
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El cierre de año obliga al balance sobre lo escrito y publicado en estas páginas. Una reflexión que podría hacer en solitario y sin embargo sirve mejor cuando es pública

Son estas líneas un ejercicio de rendición de cuentas para conmigo y con el lector de mi trabajo. Comparto en ellas siete principios que como periodista me son preciados.

Primero, ofrecer información a quien no la tiene. No debe repetirse lo que otros dijeron, ni plagiar la investigación que alguien más hizo. El periodismo tiene como materia prima a la información, aquella que es nueva y agrega valor, que permite comprender ángulos, perspectivas, razones que nadie antes había puesto en juego.

Si no es información original, entonces se convierte uno en pirata, copista o impostor.

Segundo, cuenta con mayor jerarquía la información que entrega voz a quien no la tiene, que aquella que otorga bocina a los que ya poseen el privilegio de la atención pública.

Entre prestarle vehículo a un ciudadano común y crecer la redundancia de un personaje público, es mejor hacer lo primero.

Tercero, el balance del periodismo no radica en su capacidad para propinar con exacto equilibrio críticas y aplausos, palos o zanahorias.

Quien ejerce este oficio no debe actuar como el entrenador de perros que hoy da un sopapo y mañana acaricia el lomo de la mascota. Tal condescendencia olímpica es para los dioses y no para mortales.

El balance periodístico tiene otro propósito: hacer lo justo para que la crítica no destruya sino construya comunidades.

Diría Adrián López, director del periódico Noroeste, antes de publicar una narcomanta debe interrogarse cuán relevante es la información contenida en ese mensaje para construir democracia, tolerancia, libertad, solidaridad, Estado de derecho.

Con este reportaje, con esta columna, con tal o cual investigación, ¿estoy participando en la edificación de una comunidad política más habitable? Si la respuesta es afirmativa, se justifican la crítica o el aplauso. En caso contrario hay que soltar cuanto antes el tema.

Cuatro, el dato suelto sabe a poco. El periodismo demanda poner en perspectiva, comparar, explicar, dotar de relevancia, elaborar y reelaborar. Un argumento bien construido importa más que mil piezas sueltas de rompecabezas.

No es tarea de reporteros informar sobre el estado del tiempo si al hacerlo se omite argumentar sobre la afectación que las lluvias, las nevadas o una tarde de sol traerán para la vida cotidiana de las personas.

Quinto, es lugar común afirmar que es el periodismo y no los periodistas quien debe estar en el centro de la noticia; y sin embargo el canto de las sirenas que apuesta por convertir al reportero en actor principal del espectáculo suele seducir inclusive al más profesional.

Por ello hay que cuidarse de monopolizar micrófono y reflectores, hay que evitar confundir a la persona con el personaje, prohibirse el papel de la víctima o asumirse como el sujeto más ético, el más inteligente, el más justo.

La clave está en asegurar que el protagonismo sea del trabajo realizado y no del autor que lo produjo.

Sexto, no es tarea del periodista erigirse en asesor o consejero del príncipe. El truco es viejo y por eso hay que apartarse de la lisonja que compra los silencios del reportero a cambio de pedirle consejos “sabios”.

Séptimo, la proximidad con la fuente no debe significar cercanía con el poder. Entre el periodista y el poderoso han de construirse distancias para que cada quien haga bien su trabajo; así no habrá conflicto de interés, chantaje, resentimiento o rupturas.

Tan lejos como sea necesario para lograr objetividad y tan cerca de la fuente como sea posible con el fin de asegurar confianza y calidad en la información.

ZOOM: ofrezco disculpas por cada vez que he faltado a estos principios; también lo hago por las ocasiones en que, al respetarlos, lastimé susceptibilidades de las personas que aprecio. El de periodista no es un oficio que se ejerza sentado en un cojín de terciopelo y por los desafíos que impone tampoco es tierra fértil para cultivar admiradores.

www.ricardoraphael.com

@ricardomraphael

Periodista, académico y escritor. Profesor afiliado a la División de Administración Pública del CIDE. Conductor de los programas "Espiral" (Canal 11) y "Corresponsales" (Canal 13...

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