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Más allá de la crisis de Al Aqsa

La reciente crisis expuso las heridas de la ocupación [israelí] a los ojos de la comunidad internacional, forzándola a involucrarse...
27/07/2017
02:18
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El ataque de tres palestinos contra soldados israelíes cerca de la Mezquita Al- Aqsa en Jerusalén el 14 de julio dejó muertos a dos oficiales israelíes y a los atacantes. La reacción del gobierno israelí fue muy rápida en su decisión de instalar detectores electrónicos en las puertas de Al Aqsa.

La decisión encendió la furia palestina y una preocupación internacional sobre la posibilidad de una escalada de la crisis entre israelíes y palestinos. Los días siguientes la protesta palestina llenó las calles de Jerusalén y las ciudades de Cisjordania con miles de manifestantes que se volvieron violentos en algunos casos, ocasionando la muerte de cuatro jóvenes palestinos y decenas de heridos o detenidos por la autoridad israelí.

Los palestinos se negaron a entrar en la mezquita y celebraron sus oraciones en las calles de la ciudad santa, como un acto de desafío a la potencia colonial.

La nueva medida israelí causó alarma en la población palestina. Temen un cambio en el status quo de la mezquita, considerada uno de los lugares más sagrados del islam. En el gobierno derechista israelí muchos líderes han pedido justo eso por años. El ataque fue visto como un pretexto para crear un nuevo hecho que será difícil de cambiar, como ocurrió en el pasado en Hebrón.

Ni siquiera los regímenes de Egipto y Jordania que tienen buena relación con Israel podían ignorar lo que el público árabe percibe como falta de respeto hacia el islam. El presidente Recep Tayyip Erdogan de Turquía se unió a la protesta. Europa, que lidia con el terrorismo islámico, no podía permanecer inactiva viendo la conflagración y dejando que Israel hiciera lo que quisiera en Jerusalén. Incluso el presidente estadounidense Donald Trump se vio obligado a unirse al esfuerzo para encontrar un compromiso salvador de apariencias para ambas partes. La medida israelí se consideró como una invitación a los fanáticos religiosos en Medio Oriente para atacar a líderes árabes sospechosos de ser demasiado amistosos con Israel. Muchos vieron el movimiento popular en Jerusalén como el preludio de una nueva Intifada (levantamiento).

La tensión en ebullición en el territorio palestino ocupado y sus implicaciones, que podrían incendiar la región, estuvieron detrás de la intervención del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que se convocó el lunes y martes 25 de julio. El Consejo advirtió de la repercusión de la escalada entre israelíes y palestinos y del peligro de que se convierta en un conflicto religioso. Al mismo tiempo se intensificaron los esfuerzos para llegar a una solución respecto de los detectores de metales en Jerusalén y al mismo tiempo para el guardia de la embajada israelí en Ammán, que causó la muerte de dos jordanos. La mediación estadounidense fue sustancial en la decisión de retirar los detectores electrónicos y de instalar en su lugar cámaras inteligentes en las vías que conducen a la mezquita Al Aqsa en el lapso de seis meses y en la liberación de la guardia israelí después de que testificó. La primera reacción de la autoridad religiosa islámica en Jerusalén fue el rechazo de cualquier cambio en el estatus de Al Aqsa y la formación de un comité técnico para verificar las condiciones en la mezquita después de haber sido ocupada durante días por las fuerzas israelíes.

La crisis de Al Aqsa es un ejemplo del funcionamiento del gobierno extremista israelí hacia los palestinos. La decisión de instalar el detector de metales se tomó precipitadamente, sin consultar al ejército (IDF) o a la autoridad de inteligencia (Shin Bet).

El primer ministro Benjamin Netanyahu está bajo presión, por un lado, debido a la investigación de la policial sobre sus asuntos y, por el otro, debido a la necesidad de demostrar su extremismo dentro la derecha israelí y sus dirigentes en su partido el Likud, y hacia Naftali Bennet, el otro halcón en su gobierno. Todos fueron claros en su oposición a la solución de dos Estados, pensando que el costo de su intransigencia es costeable. Están perdiendo la inusual oportunidad de llegar a un acuerdo razonable con los palestinos que abra la puerta a Israel en todas las capitales árabes e islámicas. Al mismo tiempo, su comportamiento está causando un efecto devastador a sus propias posturas. Como señaló el columnista israelí Akiva Eldar, la reciente crisis expuso las heridas de la ocupación a los ojos de la comunidad internacional, forzándola a involucrarse... cualquier compromiso implicaría un arreglo equilibrado, reflejando el consenso internacional que Israel no tiene la soberanía sobre Jerusalén oriental, incluyendo el Monte del Templo.

Los líderes israelíes deben entender que viven en un volátil Medio Oriente musulmán y reconciliarse con sus realidades. Si quieren formar parte de la cultura europea, como ha dicho últimamente Netanyahu, tienen que poner fin a sus 50 años de ocupación. “La gente de Israel debe controlar a los pirómanos que se han instalado en la mesa del gabinete y han ocupado los bancos de la Knesset [Parlamento]”... durante demasiado tiempo.
 

El autor fue embajador de Líbano en México entre 1999 y 2011
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Embajador de Líbano en México entre 1999 y 2011.

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