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Covenant

17/05/2017
01:56
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1979 fue muy importante para el cine de ciencia ficción, pues justo en este año el director de cine Inglés Ridley Scott estrenaba su filme Alien, cinta que nos presentaba un universo aterrador y futurista en donde ocurren las aventuras de los siete pasajeros de la nave estelar de carga “Nostromo”, regida por un computador “Madre” con el objetivo de abandonar el planeta Thedus y dirigirse a la tierra a donde llevaría varias toneladas de minerales para su refinamiento. La tripulación viaja hibernando y todo comienza cuando despiertan para tomar un café y charlar cuando justo a medio camino entre Thedus y la Tierra su nave recibe una transmisión de origen desconocido, una señal acústica que se repite constantemente y que puede suponer la existencia de vida en otra parte del universo. En el lugar de donde vienen las señales descubren una nave y a su piloto, de cuyo cuerpo emerge una extraña criatura, que es quien comienza toda la trama protagonizada por una joven teniente Ripley encarnada por Sigourney Weaver.

En ese año la película fue un fenómeno, además de por el argumento y el impecable trabajo de Scott, porque el protagonista, un monstruo sublime inspirado en las criaturas del abismo diseñadas por el pintor suizo H.R. Giger, convertía a la saga en una de las más importantes dentro del cine de ciencia ficción con toques de terror.

Treinta y ocho años después y con otros tres filmes de Alien dirigidos por James Cameron (1986), David Fincher (1992) y Jean-Pierre Jeunet (1997), por fin el pasado 12 de mayo se estrenó en México la segunda precuela (recordemos que la primera fue Prometheus de 2012) Covenant, marcando el regreso de Ridley Scott a la saga.

Pese a que la nueva cinta no iguala a la de 1979, hay que reconocer el trabajo de Scott, tibio, poco atrevido y lleno de personajes que pasan rápido al olvido, sin duda, es igual de impecable estéticamente que la primera, haciendo uso inteligente de los nuevos recursos tecnológicos para que el realismo cause en el espectador, si no miedo, por lo menos la tensión e incertidumbre necesarias.

Otro aspecto interesante de Covenant son sus paralelismos con elementos religiosos judeocristianos, ya que, como en el Arca de Noé, la nave tiene como objetivo transportar a 2000 colonos hibernando hacia un planeta al otro lado de la galaxia para repoblarlo. Uno de los pasajeros, David, tiene la idea de crear un “organismo perfecto”, una metáfora del Todopoderoso; además hay escenas en donde la ubicación de los personajes se parecen mucho a la típica representación de La Última Cena.

Covenant es un intento de Ridley Scott por rendir homenaje a su trabajo en Alien: el octavo pasajero, pero con cierta sofisticación y violencia que, después de los errores cometidos en Prometheus, destaca. Valdría la pena echar un vistazo a la película de 1979 para ligar las historias y tener presentes todas las referencias entre estos dos trabajos del director original de una saga que ya es considerada parte del cine de culto.

 

@Lacevos

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