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La tierra se tragó a Ana María

Su hermana llenó la ficha de datos y pasó con la policía de investigación. Le pidieron volver el día 5, al terminar el “puente”
25/05/2015
02:42
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Un vecino le dio un papelito que había encontrado pegado en una parada de autobús: “Trabajo en casa de 9 a 6, buen sueldo, Topilejo”. Esto ocurrió a fines de abril pasado.

El día 30, a las 14;30 horas, Ana María Velázquez Colomer, empleada doméstica de 48 años de edad y madre de tres hijos, salió de su domicilio en la colonia Mirador Uno, delegación Tlalpan.

Su hijo menor escuchó que Ana María hablaba con alguien por teléfono. “¿Cómo lo voy a reconocer?”, le preguntó.

Sobre una mesa dejó un recibo de teléfono en el que había anotado: “Señor José Luis, Topilejo, 2,600 pesos”.

Antes de irse le había enviado a su hermana varios mensajes a través de WhatsApp:

“Me enteré de un empleo en un rancho en Topilejo, pagan bien. Tienen una señora pero como es mucho trabajo necesitan otra persona, creo que voy a ir el jueves a ver qué onda”.

“Si quieres puedes entrar y salir, o puedes quedarte toda la semana”.

“Ojalá me quede”.

Ana María acababa de conseguir un trabajo a dos cuadras de su casa. Asistía solo medio día, los lunes, miércoles y viernes. No tenía que gastar en pasaje y le pagaban 250 pesos por visita. Se sentía contenta. Nunca le había gustado ir a trabajar lejos. 2,600 pesos por semana eran, sin embargo, una buena suma.

Ana María cerró la puerta y echó a andar por la calle. Llevaba pantalón blanco y blusa café.

No volvió. Sus hijos Emilio y Juan Carlos, que viven con ella, se quedaron esperándola toda la noche. Antes del amanecer telefonearon a su hermana Karla: “Mi mamá no llegó a dormir y su teléfono manda al buzón”.

No había ocurrido jamás. “Ella manda mensajes por todo”, afirma Karla.

Ana María es cristiana. Forma parte de un grupo que hace trabajo social. Su hija indagó entre los integrantes de éste: una amiga le informó que Ana María había contado que un vecino le había dado un papelito en el que se ofrecía empleo, y que iría a Topilejo a una entrevista. El vecino se llama Jorge. Es albañil. Karla lo fue a buscar. Jorge le dijo que había desprendido el papelito en Paseos del Pedregal esquina con Cráter. Karla acudió a dicha esquina, pero en la parada de autobús no encontró nada.

Reportó a Locatel, le dieron la dirección del Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes, Capea. En ese sitio rellenó la ficha de datos y pasó con la policía de investigación. Le pidieron que volviera el día 5, al terminar el “puente”, para que hablara con quien iba a llevar el caso.

Karla pasó el resto de los días visitando Topilejo, pegando copias de la ficha en los postes del pueblo, e intentando averiguar que cámaras de vigilancia había en los sitios por los que pudo haber pasado su madre: “Para ir a Topilejo, forzosamente tuvo que tomar el transporte en Huipulco”, pensó.

Visitó delegaciones, hospitales, el Semefo.

El día 5 entregó la dirección de las cámaras de vigilancia que quería consultar, y solicitó a las autoridades que obtuvieran las “sábanas” que contenían el historial de llamadas del teléfono de Ana María. “Aquí la situación es que como esto es una denuncia de hechos, no procede pedir las ‘sábanas’ —le dijeron—. No es un secuestro, no hay reporte de que se haya pedido rescate, y entonces no podemos pedir las “sábanas”. Como es denuncia de hechos, las telefónicas no nos dan la información”.

Le preguntaron si Ana María tenía alguna relación sentimental. Karla aseguró que no. El funcionario que la atendió le dijo:

“Lo que es seguro, es que no es trata de blancas. Por la edad que tiene no la van a querer para explotarla sexualmente”. Karla preguntó si podría ser un caso de esclavitud laboral, si la policía había registrado casos de este tipo. No obtuvo respuesta.

Le dejaron ver imágenes de las cámaras de seguridad, aunque ella asegura que esas imágenes correspondían a un momento anterior al que Ana María debió pasar por Huipulco (después de las 15:30). “Dicen que ya no tienen imágenes de otras horas, porque cada siete días limpian las cámaras”.

Leo que según cifras de Capea, en la ciudad de México 40% de las personas desaparecidas en los últimos años no ha vuelto con sus familiares. Leo que la Comisión de Derechos Humanos del DF tiene una recomendación sobre la falta de protocolos adecuados para investigar desapariciones. ¿Alguien sabe qué está ocurriendo?

 

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