Lorenzo Córdova estaba sentenciado desde hace 10 días

21/05/2015
04:37
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Un “anónimo” que dijo trabajar en el INE y estar “muy encabronado por lo que está sucediendo aquí”, entregó el martes 12 de mayo a un grupo de periodistas la hoy famosa grabación donde el presidente del INE, Lorenzo Córdova, parodia a los indígenas y al jefe chichimeca. La grabación del “no mames, cabrón”, en la charla telefónica con el secretario ejecutivo del Instituto, Edmundo Jacobo.

Los periodistas acordaron difundir el audio en una fecha extrañamente lejana, el viernes 22. Pero por lo visto, alguien del grupo, o el “anónimo”, resolvió que era mala idea esperar tanto y se adelantó en Youtube el mediodía del martes 19 con un impacto sensacional. En buen romance, Lorenzo estaba sentenciado desde la semana pasada, sólo le modificaron el plazo de ejecución. Y ni siquiera le concedieron un último deseo.

 

La propia cultura que, en supuestas aras de la transparencia, ha entronizado la filtración y el anonymous, volverá poco probable que se sepa quién disparó así a la cabeza del presidente del INE en la víspera de las elecciones y, quizá, lo haya dejado herido para el resto de su promisoria carrera.

Es infeliz la paradoja con la que lidiamos hoy los periodistas. Materiales como el de la grabación Córdova-Jacobo son ilegales y repugnantes, pero son muy buenas notas. Los despreciamos por sucios y los buscamos para ganar presencia, audiencia, fuerza, poder.

Muchas de las notas impactantes del siglo XXI en México, América Latina, Estados Unidos, Europa, son filtraciones puras y duras. La cultura del Leaks ha ido derrotando al llamado periodismo de investigación. Es más rápida, cómoda, barata, trae grandes dividendos de espectacularidad y suele ser mortífera con los objetivos elegidos. Ayer pudo haber sido un personaje de espanto, como el Góber precioso de Puebla, y hoy un funcionario honorable, como Lorenzo. La mecánica es la misma. Ayer se pudo haber desvelado una telaraña de corrupción y hoy apuñalado a gente de bien que se relajó oralmente. La mecánica es la misma. Una vez echada a andar, la aplanadora del Leaks no se detiene en matices ni prestigios.

El episodio de Lorenzo Córdova vuelve a ejemplificar que, más que transparencia, lo que se busca es descalificar a los personajes públicos, escandalizar con sus miserias. Más que una revuelta social apuntalada en las redes, lo de hoy es una triste democracia del espectador. Un espectador cada día más demandante, perverso.

Un abrazo a Lorenzo, demócrata y liberal de pelo en pecho.

MENOS DE 140. ¿Existe todavía el movimiento de los desaparecidos de Ayotzinapa? Pareciera que se lo tragó la tierra.

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