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Una viñeta de nuestro infierno

Así son los lugares que se hacen llamar centros de reinserción social. Así son los espacios donde supuestamente se enseña la importancia de respetar la ley
11/08/2017
02:11
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Por lo regular, cuento números, no historias. Hoy no. Lo que sigue es un trozo de realidad que me compartió por correo electrónico una amable lectora del Estado de México. Me reservo su identidad para no afectarla o a su familia.

Esta historia empezó en la primera semana de mayo, cuando un hombre fue detenido en Chalco durante un patrullaje conjunto de la policía estatal, la Policía Federal y las Fuerzas Armadas. Se le acusó, sin más pruebas que el testimonio de unos supuestos testigos que nunca aparecieron, de extorsión.

Ese hombre era el padre de mi lectora. En palabras de mi corresponsal (ligeramente editadas para fines de claridad), esto es lo que sucedió a partir de ese punto:

“Cuando nos enteramos de la detención, fuimos a la fiscalía para saber qué era lo que ocurría. Nadie nos dio razón porque no les correspondía, pues como a mi padre lo habían agarrado en el primer turno, ellos no nos podían dar una respuesta.

Conseguimos un abogado y a éste le dijeron que ahí ya no había nada que hacer y que estaba la orden girada para trasladarlo al reclusorio de Huitzilzingo.

 Mi padre fue recluido el día miércoles  10 de mayo a las 20:00. Su primera audiencia fue el viernes 12, donde se solicitaron pruebas dactilares del cuchillo (presuntamente usado por el acusado),  las cuales salieron negativas. No tenía las huellas de mi padre. Aún así, lo  vincularon a proceso y le dieron dos meses de investigación.

Cuando mi padre entró al reclusorio, le pegaron y le dijeron que tenía que dar dos mil pesos para que no le siguieran pegando. Le dieron dos números de cuenta de banco a nombre de dos mujeres y le dijeron que depositara cierta cantidad a una y cierta a la otra. A la semana siguiente fue lo mismo. Pidieron la misma cantidad, pues ahora le estaban cobrando el derecho a tener un lugar donde dormir. En su celda, que no mide más que tres por tres, hay 17 presos.

Pero ahí no acaba todo lo que uno tiene que pagar. Pagamos 100 pesos semanales para que conserve su lugar.

Además, cada día de visita, que son los sábados, tenemos que dejar dinero. Primero al entrar, cuando te revisan tu comida, los custodios te piden de 20 a 30 pesos para que pases la comida completa. Después, pasas a revisión y las custodias te piden 10 pesos para que no te hagan bajar pantalón junto con la pantaleta  y hacer 3 sentadillas. Cuando por fin entras tienes que dar 10 pesos más para que el custodio llame a tu familiar.

Estando allí, si quieres comer en una mesa, pagas 50 pesos. Si no tienes para pagar la mesa, pagas para estar en el piso 25 pesos. Si quieres calentar tu comida, son 10 pesos. Si vas al baño, pagas desde un peso hasta 5 pesos. Cuando termina la visita, el custodio le pide 15 pesos (al reo) para dejar que se lleve la comida que le quedó.

Es increíble la desfachatez que tienen (los custodios) para pedir y pedir dinero. Son una bola de extorsionadores.

Ojalá Dios quiera que pronto salga mi padre, pero cuantas injusticias más tenemos que aguantar.”

Esto es apenas una viñeta de ese infierno llamado sistema penitenciario mexicano. Es una de miles posibles. Así son los lugares que se hacen llamar centros de reinserción social. Así son los espacios donde supuestamente se enseña la importancia de respetar la ley.

Un horror.

[email protected] @ahope71

Analista de seguridad.

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