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Feminismo para América Latina (¡es la competitividad, estúpido!)

15/04/2016
02:14
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No sé si alguna vez lo has intentado, pero es imposible nadar con un solo brazo o pedalear una bicicleta con una sola pierna. Por la misma razón, sería ilógico pensar que América Latina puede avanzar descartando a la mitad de sus habitantes. ¿Cómo pretende una región salir adelante si no ofrece oportunidades en condiciones igualitarias al 50% de su población, conformada por mujeres?

Tenemos que pensar de una manera más inclusiva sobre el progreso y la sostenibilidad no sólo de nuestros negocios, sino de nuestra sociedad al completo. Si bien han corrido ríos de tinta y todos parecemos estar de acuerdo en que el futuro de nuestras economías depende de los nuevos negocios, de la innovación y de las carreras en el campo de las llamadas ”STEM” (las siglas inglesas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), aún no hemos sabido cómo encausar a más niñas y mujeres hacia ese camino a la prosperidad.

Todos sabemos que las carreras STEM enfrentan una demanda cada vez mayor. Solamente en América Latina, se calcula que para el 2025 se necesitarán más de 1,2 millones de programadores de software, según un estudio de Frost and Sullivan sobre mega-tendencias en América Latina.

También comprendemos que estudiar tales carreras abre las puertas a profesiones mejor remuneradas que otras en las que típicamente se han concentrado las mujeres, más orientadas hacia el cuidado de otros como la enfermería o la docencia. Esto es consecuencia de los mensajes interiorizados desde pequeñas sobre la importancia de equilibrar ser madre con ser profesional, y de ser las principales responsables de la crianza de los hijos y la administración del hogar.

Hay algunos números alentadores, como por ejemplo el hecho de que en América Latina 60% de los graduados de educación terciaria son mujeres. Según la UNESCO, en el 2007 45% de los investigadores en América Latina eran mujeres, una porción superior a la europea. Sin embargo, ese dato se desinfla cuando identificamos el porcentaje de mujeres que se gradúan de carreas STEM, descendiendo a solo 36%.

A eso habría que sumarle el hecho de que, de ese grupo cada vez mayor en nuestros países y conocido como los ”ni-nis” (ni estudia ni trabaja), que ya alcanza los 21,8 millones, 91,8% son mujeres. De esa población ”ni-ni”, más de la mitad (11,9 millones) se dedica a las tareas del hogar, lo cual implica que no cuentan con un trabajo remunerado ni ingresos propios en el sentido más estricto.

Tampoco el primer mundo está exento. En países desarrollados como los Estados Unidos, la situación no es muy diferente, de acuerdo con Girls Who Code. En la secundaria, 74 % de las niñas expresan interés en el campo de las STEM, pero a la hora de elegir una carrera universitaria, sólo 0,4 % de las niñas selecciona la informática. Hoy, en la primera potencia mundial, las mujeres constituyen la mitad de la fuerza de trabajo, pero sólo 25 % trabaja en los campos técnicos o informáticos.

Que esto suceda también en el primer mundo nos da una clara señal de que tenemos que reinventar la dinámica de esta industria, de nuestra sociedad y del mercado laboral. Insistir en perpetuar un modelo económico en el que solo uno de cada dos (casi siempre el hombre) gana el pan y tiene oportunidades de desarrollo fuera de casa, y sobre todo en las carreras de ciencia y tecnología, es predestinarnos al fracaso y la eterna dependencia. Es como desarrollar una extremidad a costa de la otra para permanecer cojeando.

Si, por el contrario, optáramos por inculcar un modelo laboral mejor conectado con las crecientes demandas actuales tales como contar con más profesionales hombres y mujeres preparados en informática y programación, condiciones laborales más flexibles que no solo apoyen a la mujer sino también a los hombres con uso de licencia por paternidad con el nacimiento de los hijos, horarios de trabajo flexibles y teletrabajo, todos estos avances permitirían una mejor participación tanto a hombres como a mujeres en el sistema educativo y el mercado laboral. Estaríamos contribuyendo a la solución y con un modelo gana-gana que redituaría en beneficio de todos, sin importar el género.

En un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se ha detectado que la participación laboral femenina contribuye al crecimiento económico de la región, representando 43% del PIB en México, 18% en Perú, y 19% en Chile. Por donde lo veamos, otorgar más y mejores oportunidades a la mujer y sobre todo en las carreras más prometedoras, es redituable y nos beneficia a todos.

Sin embargo, en nuestros países la brecha empieza desde temprano. Los resultados de los países latinoamericanos que participaron en las pruebas internacionales de desempeño académico PISA 2012 muestran que las jóvenes de la región tienen puntajes más altos en lectura y los muchachos en matemáticas. De hecho, solamente 1% de las jóvenes latinoamericanas forma parte del grupo con mejores resultados de las pruebas PISA.

Una sociedad desigual, que no otorga oportunidades a quienes formamos más de la mitad, es una sociedad poco competitiva. Diversos estudios demuestran que mientras más igualitarias sean las sociedades – como lo son Islandia, Finlandia y otros países nórdicos – mejores notas sacan las niñas en matemáticas y otras ciencias exactas. Cuando crecen, eso se refleja también en sociedades más competitivas. Como se puede ver en los índices de competitividad internacional del Foro Económico Mundial, no es casualidad que los países nórdicos (Forbes, 2014 y WEF, 2015), donde la brecha en género es menor en áreas esenciales como educación, salud, economía y participación política, son también las economías (y sociedades) más competitivas.

Especialista en Comunicación Estratégica y trabaja en el Departamento de Relaciones Externas del BID en Washington DC.

Es especialista en Comunicación Estratégica y trabaja en el Departamento de Relaciones Externas del BID en Washington DC.

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