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Caso Rulfo: propuesta a la UNAM

Ya nadie va a conseguir que se deje de leer a Juan Rulfo como se lo quiera leer, ya pasaron los tiempos del estalinismo
16/04/2017
02:11
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Cuando escribí mi libro sobre las esposas de los gobernantes de México, recibí regaños de parte de políticos y de las propias señoras o sus parientes. Recién salido, un secretario de Educación Pública metió todos los ejemplares en una bodega para impedir que circularan y, varios años después, en una de las ocasiones en que lo actualicé, un Presidente de la República directamente me dijo, de manera poco gentil, que no hablara de su esposa. En opinión de esos señores, de las primeras damas no se debe decir nada, con todo y que lo que yo hacía era contar, a partir de información obtenida de archivos, documentos oficiales, periódicos y entrevistas (algunas con las propias interesadas, sus parientes y sus colaboradores), el trabajo que ellas habían desempeñado. Siempre me moví en el terreno de lo público, nunca me metí en sus vidas privadas ni con chismes.

En el caso de las familias y de las señoras, el reclamo fue el contrario: les parecía que no les daba suficiente espacio, no elogiaba su trabajo y hablaba poco de su biografía y de su “hermosa alma”, como me dijo alguien.

Cuento esto porque hace algunos días, la Fundación Juan Rulfo, molesta con un libro que escribió Cristina Rivera Garza sobre el escritor jaliscience, retiró su apoyo a un festival de letras que se va a llevar a cabo próximamente en la Universidad Nacional y hasta les prohibió usar el nombre del escritor en el evento.

¿Qué culpa tiene la UNAM de lo que alguien decidió escribir sobre un autor? ¿Y por qué un lector de esa obra no puede decir sobre ella lo que le parezca?

Me respondo sola: la UNAM no tiene nada que ver en el asunto y la escritora, por supuesto, puede decir lo que quiera sobre la obra de un autor, porque él la publicó para eso, para que lo leyeran, pues de no haber sido así, la habría guardado en un cajón.

Al hacerlo, esa obra dejó de ser su propiedad privada y entró al terreno de lo público. Su familia, como dice la ley, puede cobrar los derechos de autor si el autor los nombró sus herederos y punto.

Pero los parientes de los famosos siempre quieren más: quieren decirnos cómo debemos ver, oír, entender, leer a su pariente y qué debemos decir de él. Es lo que me hicieron las esposas de los gobernantes y es lo que hacen las esposas de Borges, Cela, Paz, Bolaño, la esposa y los padres de Stieg Larsson.

Ya es hora de acabar con esto. Por eso le propongo a la UNAM que no haga caso y siga con su programa.

Si le metan una demanda, sería espectacular. En caso de que la Fundación la gane, habrá perdido porque, dado que las leyes no son para un caso particular, ya nadie podrá usar el nombre de Rulfo, entonces no habrá más homenajes, coloquios, textos para estudiarlo y comentarlo, no más ediciones especiales que tanto dinero le dejan a la familia, o sea, que ellos mismos habrán matado a su gallina de los huevos de oro.

Si pierde la demanda, también habrá perdido, porque entonces todos podremos seguir leyendo a Rulfo como mejor nos parezca y decir de sus libros lo que queramos, sin que ellos puedan decirnos eso sí y eso no.

Si la Universidad gana la demanda, habrá logrado sentar un precedente para todos aquellos que quieren imponer sus criterios a cualquier creador. Y si la pierde, habrá contribuído a darle una lección a la parentela ambiciosa que se quedará sin poder para sus enredos.

Y de todos modos, como ha demostrado la historia, nadie puede tapar el sol con un dedo. Ya nadie va a conseguir que se deje de leer a Rulfo como se lo quiera leer, ya pasaron los tiempos del estalinismo, cuando nos decían lo que se debía pensar.

Hace poco Elena Poniatowska dio una conferencia sobre Rulfo en un evento académico. Dijo que a Rulfo no le gustaba hablar y que no entendía a los que necesitaban hablar. El pobre debe revolcarse en su tumba si viera lo demasiado y muy erróneo que está hablando su familia.

Escritora e investigadora en la UNAM.

[email protected]
www.sarasefchovich.c om

Es licenciada y maestra en Sociología y doctora en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México.

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