Esta semana, Leonardo Curzio me preguntó en su programa que si desde mi punto de vista, la batalla que en estos momentos se está librando por la ciudad de Mosul, la segunda en importancia de todo Irak, representa el Waterloo de ISIS. Yo le respondí que probablemente es el Waterloo del ISIS que conocemos, pero que estamos ante un cambio de fase. Esto se debe a que ISIS no es una cosa, sino muchas. Una parte de ISIS sí va a ser radicalmente transformada. Otras no. Es decir, probablemente ISIS sabía desde el inicio que el conquistar vastas porciones de territorio, y posteriormente fundar en ese territorio un pseudo-Estado, era algo temporal, una táctica dentro de una lucha mayor. Con esa capacidad de planeación que le ha caracterizado, ISIS no ignoraba que, tras sus actos, ataques y conquistas, su centro operativo iba a ser combatido por múltiples actores internos y externos, superpotencias incluidas. Así que, en efecto, la batalla por Mosul, quizás además de la de Raqqa en Siria que ya llegará, marcarán los pasos más importantes en lo que será el final de esta etapa, la etapa del “Estado Islámico” territorial. Sin embargo, ISIS conserva gran capacidad de daño, mucho más daño del que podía producir Al Qaeda, su madre. Esto se debe a: (1) La estructura organizacional que sobrevive, tanto dentro de Irak y Siria como fuera de estos países, (2) El número de combatientes activos que habían viajado para sumarse a sus filas y que ahora han regresado a sus países de origen, y (3) Su operación online, la cual si bien ha sido mermada, sigue lo suficientemente sana para proyectar fuerza, para atraer seguidores de sitios distantes, incentivar su radicalización y, ya sea inspirarlos, o directamente dirigirlos para cometer atentados.

En efecto, con la potencial caída de Mosul, sumada a las muchas otras derrotas que la organización ha sufrido en los últimos meses, se asesta un duro golpe al corazón de ISIS, la matriz. Se vulnera enormemente su capacidad de reclutamiento y financiamiento porque se han estado cortando las rutas que utiliza para traficar petróleo, armas, artículos ilícitos, personas, así como las que se utilizaban para recibir y trasladar combatientes. La matriz, sin embargo, no muere. Quizás esa rama en particular, regresará a ser lo que era antes de llamarse ISIS, cuando formaba parte de Al Qaeda en Irak: una organización operando de manera furtiva con algunos cientos de militantes, pero con gran capacidad para seguir cometiendo actos terroristas. La cuestión es que, a lo largo de los últimos años, ISIS fue montando una estructura que va mucho más allá de esa matriz. Esta estructura aprende de y replica la estructura de Al Qaeda, pero le sobrepasa.

Dicha estructura consiste de estos componentes: (a) ISIS-filiales, las cuales se autodenominan “Provincias del Estado Islámico” o Wilayats. La mayor parte de estas son grupos preexistentes y combatientes que cambiaron su lealtad de Al Qaeda hacia ISIS. Desde Nigeria hasta Libia, desde Yemen hasta Bangladesh o Afganistán, cada una de estas filiales sobrevivirá a la caída de Mosul y Raqqa, y conservará su potencial de daño tanto a nivel local, como a distancia; (b) ISIS-Células: Grupos bastante más pequeños que las filiales, compuestos de jihadistas veteranos y jihadistas nuevos. Se sabe, por ejemplo, que miles de jihadistas que viajaron a sumarse a las filas de la matriz, hoy han vuelto a sus sitios de origen y permanecen como células durmientes listas para atacar cuando menos se espere. Estas son las células que perpetran atentados como los de París o Bruselas; (c) ISIS-operativos en línea y reclutas virtuales: Esta rama de ISIS se encarga no solo de detectar potenciales seguidores, contribuir a su radicalización y reclutamiento, sino también de instruirlos y conducir sus atentados, todo a distancia. Un ejemplo reciente es el ataque en Niza; y por último (d) ISIS-lobos solitarios: individuos quienes no tienen liga o conexión operativa con ISIS, pero que son inspirados por la organización para cometer atentados estén donde estén, como en San Bernardino u Orlando.

Ahora bien, Mosul es importante no solo desde el punto de vista material, sino también desde el simbólico. Mosul es la segunda ciudad iraquí, pero, sobre todo, representa el pico del poder alcanzado por ISIS. Mosul es todo lo que el concepto del “Estado Islámico” quería transmitir: Una gran ciudad de millones de habitantes, con una vida “normalizada” a partir de un gobierno justo, eficaz y moral. Esto fortalecía el mensaje de que ISIS no es un “grupo terrorista” sino un “califato” que controla territorio y que se expande, concepto que ha marcado su diferencia con las organizaciones que le preceden, incluida Al Qaeda. Esta idea se desmoronará cuando las tropas iraquíes, asistidas por diversas milicias, por los peshmerga kurdos y por la coalición liderada por Washington, recupere esa ciudad para Irak.

Varios problemas monumentales, sin embargo, se presentan durante y tras esa batalla. El primero, inmediato, la vida y seguridad de los cientos de miles de civiles que quedarán atrapados entre los distintos actores luchando por esa ciudad, y la posibilidad de que ISIS los utilice como escudos, lo que ya ha sucedido antes. El siguiente tiene que ver con las propias disputas sectarias dentro de Irak. De hecho, si ISIS creció como lo hizo, ello tuvo que ver, en buena medida, con esas disputas. La conquista de Mosul representa la labor conjunta de una serie de grupos que enfrentan a un enemigo común, pero que tras esa lucha podrían no ser tan amigables entre sí. El reto del estado de iraquí será, entonces, construir en la fase post-Mosul condiciones para una paz incluyente y desde la raíz, una paz que garantice la seguridad, pero también el desarrollo político, económico y social de todos los grupos sectarios del país. De lo contrario, simplemente habremos regresado al punto en el que estábamos en 2014, con todo el potencial para que el conflicto persista en cualquiera de sus miles de facetas.

Por último, queda ahí el reto mayor: comprender que ISIS contaba con la pérdida de Mosul, así como la de todas las ciudades mayores que conquistó entre 2014 y 2015. En palabras simples: la fase que estamos viviendo forma parte de su plan. La supervivencia de su idea y de su lucha se traslada hacia los otros varios componentes de la organización señalados arriba. Combatirle, por tanto, no es necesariamente algo más simple. Supone conocer bien cada uno de esos componentes, entender la conflictiva local que rodea a cada una de las filiales, prever las tácticas que estarán empleando las muchas células que se han preparado para este momento, contrarrestar la capacidad de inspiración y atracción de potenciales reclutas virtuales o lobos solitarios. Así que Mosul podría ser quizás el Waterloo de esa parte territorial y visible del ISIS que conocemos, pero no lo es de esa otra parte, la que opera bajo las coladeras, entre las redes virtuales, la que ha conquistado un territorio que no es material.

Twitter: @maurimm

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