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¿Un académico como diplomático?

¿Puede un profesor universitario desempeñarse hábilmente en un trabajo diplomático clave? Por supuesto.
17/08/2015
02:01
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El presidente Enrique Peña Nieto ha nominado al doctor Miguel Basáñez, profesor de Diplomacia de la Universidad de Tufts, en Massachusetts, como el próximo embajador de México en Washington. El Dr. Basáñez es bien conocido y ampliamente respetado en la comunidad académica internacional por su trabajo sobre opinión pública, Estado de derecho y reforma judicial. Anteriormente en su carrera, el Dr. Basáñez ocupó varias responsabilidades en el sector público a nivel estatal y federal en México.

¿Puede un profesor universitario desempeñarse hábilmente en un trabajo diplomático clave? Por supuesto. En Estados Unidos estamos acostumbrados al flujo constante y continuo entre universidades y servicio público. En mi propia universidad, la de Georgetown, una docena o más de mis colegas han servido tanto en administraciones republicanas como demócratas. Dos ejemplos de ideologías divergentes son Jeane Kirkpatrick, quien fue embajadora en Naciones Unidas durante la presidencia de Reagan, y Arturo Valenzuela, quien trabajó en el Consejo Nacional de Seguridad durante la presidencia de Clinton, además de ser subsecretario de Estado durante la administración Obama. Es común pedir licencia en la academia para ingresar gobierno y luego regresar a enseñar cuando el servicio ha concluido.

Manejar la embajada y los 50 consulados mexicanos a lo largo de EU es una operación grande y compleja. En gran medida, su administración compete al servicio exterior de carrera. El embajador se encarga de los temas más amplios que llegan a su escritorio, una vez más, con la asesoría de los diplomáticos de carrera.

Las dos labores críticas para el embajador son: fungir como el representante personal del presidente y presentar de manera clara y efectiva, las políticas de su gobierno a diversas audiencias de México y Estados Unidos. El Dr. Basáñez es claramente una elección personal del presidente Peña Nieto y, como tal, actuará con tal autoridad en sus relaciones con la contraparte estadunidense y también con su propia burocracia en la ciudad de México. Esto me parece oportuno en la segunda mitad del sexenio, justo cuando la cuestión de la sucesión presidencial comienza a tomar mayor importancia.

¿Qué decir sobre el trabajo diario de presentar y defender las políticas gubernamentales? Además de su temprana experiencia en el sector público, el Dr. Basáñez ha dedicado sus años como académico al arte de explicar temas complicados en términos que son comprensibles para diversas audiencias. Un desafío actual es, por ejemplo, reparar la imagen de México en EU ante problemas notorios tales como Iguala, Ayotzinapa, Tanhuato y la reciente fuga de Joaquín Guzmán Loera de una prisión de máxima seguridad.

El próximo embajador necesitará acercarse a distintas comunidades, incluyendo las de negocios y finanzas, derechos humanos y grupos religiosos, los medios de comunicación y la comunidad mexicano-estadunidense, entre otras, para explicar lo que sucedió y lo que el Gobierno está haciendo como respuesta a esos caso. Asimismo, el Doctor Basáñez conoce bien a la comunidad política de Wa-shington, pues ha participado activamente en el Mexico Institute del Woodrow Wilson Center, el comité de expertos líder sobre México.

Con 48 años de mi vida profesional dedicada al estudio de México y a su relación bilateral con EU, he conocido a todos los embajadores mexicanos en Washington desde Hugo B. Margáin en los 1970. A mi juicio, todos han sido talentosos de diferente manera. Conozco al Dr. Basáñez desde finales de los 1980 y creo que es de esa clase de talento. Si es ratificado por el Senado de México, estoy seguro que continuará con el alto estándar de la representación de México en Washington.

Profesor emérito de la Universidad de Georgetown

Profesor emérito de la Universidad de Georgetown

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