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Lo que las palabras de Córdova revelan sobre nuestro racismo

23/05/2015
00:14
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Lorenzo Córdova tiene derecho a estar molesto de que haya sido grabado en una conversación privada y que esta conversación haya sido hecha pública. El perpetrador de este ataque ha obtenido una doble victoria. Ha generado un escándalo público y ha creado un ambiente de desconfianza hacia la institución y dentro de ella. El ataque a Córdova atenta contra su derecho a la privacidad de manera cobarde, pero las declaraciones del presidente del INE no dejan de reflejar una realidad palpable de la sociedad mexicana.

Córdova se ha excusado aludiendo que la conversación era privada. Lo que no entiende es que justamente allí radica el problema. Si hubiera sido un discurso público, lo de Córdova simple y sencillamente sería muestra de una torpeza individual sin repercusiones colectivas. Sin embargo, como la conversación ocurrió en el ámbito de lo privado, revela una visión racista del mundo indígena. Una visión que es generalizada, y aunque se oculta en la escena pública es perpetuada por todo un aparato ideológico y social.

La discriminación contra los indígenas en México es sistémica y generalizada. Una discriminación que es reproducida -consciente o inconscientemente- por los medios y que es también una muestra de nuestros propios complejos y de la forma con que lidiamos con nuestra identidad. Hace unos años Mario Arriagada publicó un artículo en Nexos en que investigaba el racismo en las revistas de sociales en México. Los resultados de su estudio fueron alarmantes pero poco sorprendentes. En un universo fotográfico que abarcaba 978 personas de dos revistas diferentes, 966 eran blancos y solo 12 morenos. En un país cuya población es mayoritariamente mestiza esto parece revelar que, al menos en nuestra imaginación colectiva o nuestro wishful thinking, existe una especie de Apartheid mexicano.

El México de las telenovelas y las revistas de sociales es un México racialmente inexplicable. Ha sido construido por un complejo de inferioridad y funciona a manera de círculo vicioso. ¿Quién sueña a quién? ¿La televisión sueña que su pueblo es blanco? ¿o el pueblo se sueña blanco a través de la televisión? Nuestro subconsciente ha sido tan moldeado por siglos de dominación que se observa a sí mismo como un pueblo escandinavo y cree ilusamente que eso lo vuelve mejor. Nosotros mismos hemos construido esos estándares racistas ridículos que nos vuelven perdedores perpetuos ante nuestro propio juicio.

De hecho este racismo opera como un poderoso mecanismo de dominación. Conforme se avanza en la escala social, económica y política la población pareciera blanquearse: la televisión produce, celebra y consagra ese fenómeno. El moreno es naco, el naco es indio, y el indio es el otro. A pesar de nuestro legado genético y cultural entendemos al indio desde la otredad. Si negamos al indio interior, esto se exacerba con el indio exterior.

En México hay 15 millones de indígenas, alrededor de 12% de la población. Eso significa que uno de cada diez mexicanos son indígenas. Pero ¿Cuántos de ellos son nuestros amigos, jefes, colegas, nuestros diputados, gobernadores o nuestros consejeros del INE? ¿Acaso no es sospechoso que una población así de grande esté tan mal representada?

A muchos les sorprenderá saber que el porcentaje de población indígena en México es prácticamente el mismo que el de afroamericanos en Estados Unidos. Los hechos de Ferguson y Baltimore revelan que en nuestro vecino del norte persiste el problema del racismo. A pesar de ello, los afroamericanos están visiblemente presentes en todos los aspectos de la vida estadounidense. Desde el presidente, hasta los programas de televisión, pasando por las universidades y los deportes. ¿Cuántos indígenas así existen en México? Durante años, un racismo patético e ignorante los culpo a ellos de su propia suerte. Durante siglos hemos hablado de ellos como si al hacerlo no habláramos también de nosotros. La transformación de nuestra percepción del mundo indígena solo tendrá efecto cuando pasé de la esfera de lo público a la de lo privado.

Por eso el exorcismo moral a Córdova se asemeja nuevamente a un cinismo auto-degradante. Una caza de brujas que busca un chivo expiatorio para tapar el sol con un dedo. ¿Cuántos de los acusadores no piensan y actúan igual que Córdova en su vida privada? ¿A cuántos les preocupa verdaderamente el problema indígena? ¿Vamos a hablar del tema con seriedad o vamos a buscar un linchamiento público? Sacrificar a uno de la tribu para limpiar nuestra propia conciencia es una solución cosmética. Propongo que empiece el debate.

@emiliolezama
Director Los hijos de la Malinche

www.loshijosdelamalinche.com

Escritor y analista político. Licenciado en Ciencias Políticas por la UNAM con un certificado del Programa Internacional de Sciences Po París. Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de...

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