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08/05/2015
22:58
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Está viendo y no ve
Título: Número cero.
Autor: Umberto Eco.
Editorial: Lumen.

Excepto el principio y el final, esta novela de Eco parece una parodia de The Paper, la cinta de Ron Howard que retrata un día cotidiano en un periódico, con las juntas siempre tarde, el editor resentido, los rumores de despidos, las grillas por ganarse la voluntad del director; la trama es extremadamente sencilla: un escritor efectivo, pero no muy conocido, es contratado para que escriba, como "negro" o "escritor fantasma", una novela que firmará el director de un periódico apenas en preparación; mientras, se relata el proyecto, las secciones fijas y las eventuales, el público al que será dirigido, el tono y el lenguaje, las secciones que no serán incluidas, y quiénes los entrevistados.

La acción está colocada a principios de los años 90, y son muy divertidos los pronósticos (los teléfonos celulares sólo serán utilizados por los sectores de ingresos medios, no por los ricos ni menos por los famosos; las computadoras no sustituirán a las máquinas tradicionales, los discos compactos sustituirán para siempre a los de acetato), los tics de los reporteros, el acoso a las reporteras que, además, son etiquetadas según su físico; los romances que surgen de manera imprevista, los celos profesionales, y el miedo a que, si se cuenta un proyecto, se "sale" de manera definitiva.

Pareciera que Eco se ha pasado la vida en las redacciones, porque sus retratos son, no idénticos, pero paródicos, lo mismo que el lenguaje, los clichés, el miedo a que un reportaje ofenda a ciertos personajes, o al revés, escribir un artículo para molestar a un político o a un industrial. Pero cuando el lector está más atento al idilio de la reportera bella pero inestable con el narrador-protagonista, otro de los reporteros (el gorrón, el más ambicioso, el que persigue el "chayo") revela una historia que incluye espionaje internacional, complots entre supuestos enemigos, y sobre todo involucra a potencias políticas y religiosas, a resultas de lo cual aparece asesinado; eso alerta a todos: ¿seguir con el proyecto o se suspende de manera definitiva?

Más allá de la anécdota, Eco parece abordar cuestiones profundas pero escondidas: los límites de la libertad de expresión, el peligro de lo audaz, la proliferación de periodistas que tergiversan la profesión, acusan sin pruebas y, más frecuentemente, aciertan sin saber. Y, como sucede con Eco, la sensación final es de terror, apocalíptica, pero con muchas páginas divertidas.

José Trigo
Autor: Fernando del Paso.
Editorial: Fondo de Cultura Económica.

Edición conmemorativa de una de las grandes novelas mexicanas, cumbre en una época en que casi todas eran excelentes; experimento estructural y lingüístico que retoma la huelga de los ferrocarrileros en 1959-60, la Cristiada, y prefigura el Movimiento Estudiantil de 1968; cada capítulo, y su equivalente, están escritos en un estilo diferente; los capítulos eróticos, supremos. Faltan los mapas de Nonoalco y Colima.

Ovejas negras
Autor: Emiliano Ruiz Parra.
Editorial: Océano Exprés.

Semblanzas de algunos de los sacerdotes o gente cercana a la Iglesia católica que se han distinguido por su posición cercana a la rebeldía frente a las estructuras y posturas de las autoridades eclesiásticas; fervoroso y entusiasta, resalta la postura y la toma de conciencia frente a los desafíos y a las tragedias personales. Muy distante de los ensayos de Leñero sobre el tema; le
falta imparcialidad.

Hombres buenos
Autor: Aturo Pérez-Reverte.
Editorial: Alfaguara.

Lo que pareciera una parábola sobre la lucha entre los académicos progresistas contra los que se oponen a los cambios y a la modernización, al tomar como base una anécdota de encargados de comprar una primera edición de la Encyclopédie
de Diderot, y las aventuras de capa y espada para conseguirla, en realidad
es un escaparate para que los lectores crean que el autor sabe mucho (pero
no escribir novelas).

La invención de los confines
Autor: Sergio Vicario.
Editorial: Fundación Liderazgo Hoy.

Muy interesante estudio de las prisiones y la literatura; se ven los casos de escritores presos por sus ideas, por sus obras lascivas o blasfemas; los que cayeron por actos subversivos, los que cometieron delitos políticos o comunes, los prisioneros de guerra, los acusados falsamente, y lo que escribieron; ninguno por su prosa; y los que se hicieron escritores en las cárceles. Merece una mejor edición y corrección.

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