¿Sobrevivirán los dreamers al racismo de su presidente?

Casi 700 mil dreamers—más de 618 mil de origen mexicano—son utilizados estos días como piezas de negociación política en el juego entre el Congreso y la Casa Blanca
La decisión de finalizar el programa de Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA) representaría un golpe para los "dreamers" actualmente protegidos de la deportación por un mandato de Barack Obama - Foto: Eduardo Muñoz/AFP
20/01/2018
09:18
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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No hay dudas al respecto: Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, no quiere a ningún inmigrante del llamado mundo en desarrollo en su país y su próximo blanco son los casi 700 mil dreamers—más de 618 mil de origen mexicano—que son utilizados estos días como piezas de negociación política en el juego entre el Congreso y la Casa Blanca.

No puede haber dudas, especialmente después del oprobioso y conocido insulto que ha revelado la verdadera naturaleza del vulgar racismo e ignorancia supina del presidente de Estados Unidos, al calificar a Haití, El Salvador y todo el continente africano como “países de mierda” (“s–thole countries”) sólo porque sus comunidades migrantes han trabajando sin descanso para crear la riqueza estadounidense y ahora piden la protección federal contra el peligro de ser deportados, así como para permanecer en Estados Unidos como lo que son, personas que respetan la ley.

Veamos los últimos hechos para sustentar nuestra predicción respecto a los dreamers, dada la insistencia exhibida por el actual presidente para vincular el futuro de este grupo y del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), instituido por su predecesor, Barack Obama, a las negociaciones en el Capitolio para evitar este fin de semana el cierre del gobierno federal por desacuerdos en el presupuesto del año fiscal, que incluiría 18 mil millones de dólares para el muro fronterizo con México.

Como una señal ominosa, la administración anunció el 8 de enero que eliminará los permisos provisionales de residencia de 200 mil salvadoreños que han vivido en Estados Unidos al menos desde 2001, lo que los dejará expuestos a la deportación. Previamente, la Casa Blanca eliminó el Estatuto de Protección Temporal (TPS) para nicaragüenses y haitianos; también se espera que lo termine para los hondureños en el transcurso de este año.

A continuación, Donald Trump radicalizó su posición y saboteó cuatro meses de delicadas negociaciones entre republicanos y demócratas en el Senado sobre el DACA, que expira el 5 de marzo, al tuitear que dicho programa “probablemente está muerto porque los demócratas en realidad no lo quieren, solo quieren hablar y quitar dinero que necesitamos desesperadamente para nuestros militares”.

Por su lado, el Departamento de Justicia declaró el martes que daría “el raro paso” de solicitar a la Suprema Corte que revoque un fallo judicial y permita al gobierno federal desmantelar el DACA, reportó The Washington Post.

Para complicar las cosas, los republicanos conservadores de la Fracción Libertad en la Cámara de Representantes amenazaron con hundir el plan de su liderazgo para evitar el cierre del gobierno, al asegurar que ahora carecen de los votos suficientes para impulsar su propuesta de ley.

Estrategia de zig zag

Como es usual, el actual presidente de los Estados Unidos ha zigzagueado de un punto a otro, mezclando el DACA, el muro e incluso el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Simplemente, en los últimos días incrementó sus ataques verbales contra México, expresando que “el muro es el muro, nunca ha cambiado o evolucionado desde el primer día en que [él lo concibió]”, luego de que su jefe de Gabinete, John F. Kelly, indicara a legisladores demócratas, opuestos a financiar la barrera con el nuevo presupuesto, que algunas de las políticas de línea dura que el presidente promovió durante la campaña electoral estaban “desinformadas”.

Kelly—quien ha sido visto por algunos expertos como el “adulto en la habitación” durante las discusiones internas en la Casa Blanca—fue más allá y enfatizó que Estados Unidos no construirá una muralla en toda su frontera sur y que México no la pagará, sólo para encontrar horas más tarde otro tuit de Trump, quien escribió: “El muro será pagado, directa o indirectamente, o mediante un reembolso a largo plazo, por México, que tiene un superávit comercial ridículo con Estados Unidos. El muro de 20 mil millones de dólares ‘son migajas’ comparado con lo que México gana con Estados Unidos. ¡El TLCAN es un mal chiste!”

Como puede verse, nada serio puede esperarse en este momento del más alto nivel del gobierno de Estados Unidos. Un día el presidente dice que será “un poco flexible” en las pláticas sobre el TLCAN—cuyo vital proceso de renegociación está programado para terminar en marzo, mucho antes de las elecciones presidenciales en México—y otro día amenaza con retirarse del convenio trilateral, argumentando que “la forma de lograr el mejor acuerdo es terminando el TLCAN”; desafortunadamente, más allá de los esfuerzos a puerta cerrada llevados a cabo por el canciller Luis Videgaray en Washington y de los comunicados de prensa condenando la actitud del presidente de Estados Unidos, nuestro país requiere prepararse para el peor escenario con una hostilidad renovada hacia los dreamers y un cambio abismal en las políticas comerciales de la región.

Editado por Sofía Danis                     
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