Nueva prueba para el voto en el exterior en un año electoral global

Además de los comicios generales de julio en México, los ciudadanos de otros 25 países acudirán a las urnas en el transcurso de 2018
Una mujer vota en Sebastopol - Foto: Baz Ratner/REUTERS
08/02/2018
12:41
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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Este año bien puede ser llamado el año electoral en todo el mundo; además de los comicios generales de julio en México, los ciudadanos de otros 25 países acudirán a las urnas en el transcurso de 2018 (o ya fueron, en el caso de la República Checa, Finlandia, Chipre y Costa Rica) para participar en varios procesos a nivel presidencial, legislativo, regional y local, que también representarán una prueba para sus respectivos sistemas de voto en el exterior.

Por ejemplo, serán elegidos nuevos presidentes y jefes de Estado y/o de gobierno en Rusia, Colombia, Cuba, Italia y Brasil, sin olvidar la importancia de los comicios intermedios de noviembre en Estados Unidos, que pueden poner en riesgo la hegemonía republicana en las dos cámaras del Congreso.

De hecho, el sorpresivo resultado de las elecciones de 2016 en los Estados Unidos puede ser visto como el principio de un periodo de dos años marcado por un aumento de la actividad global en las urnas. Dejando a un lado a China—donde el presidente Xi Jinping afianzó su control del poder en la celebración del 19 Congreso del Partido Comunista en 2017, abriendo la posibilidad de que no renuncie en 2022—durante este lapso los principales países según su Producto Interno Bruto (PIB) efectuarán elecciones nacionales, lo mismo que la mayoría de los que se ubican entre los 15 primeros de acuerdo con ese indicador.

¿Y dónde queda nuestro tema inicial respecto a los sistemas de voto en el exterior? Empecemos con algo de historia: Su primer uso registrado tuvo lugar con el emperador romano Augusto, quien habría concebido un tipo de sufragio mediante el cual los senadores locales en 28 nuevas colonias emitían sus votos para candidatos a diversos cargos en la ciudad de Roma y los enviaban sellados ahí para el día de los comicios. Sin embargo, en nuestra era moderna el primer uso conocido del sufragio en el exterior ocurrió en 1862 en Wisconsin, que se convirtió en el primero de varios estados norteamericanos que aprobaron el voto en ausencia de los soldados del ejército unionista durante la Guerra Civil.

Fuera del contexto militar, Nueva Zelanda estableció el voto en ausencia para los navegantes en 1890 y Australia adoptó un modelo limitado similar en 1902. Una vez más, las condiciones bélicas llevaron en 1918 a la introducción del voto en ausencia, mediante un apoderado o representante legal, para el personal militar británico y en 1942 se aprobó que el personal estadounidense en servicio se empadronara para sufragar por correspondencia. El voto postal en ultramar gradualmente se amplió a todo el personal no militar en funciones en el extranjero en 1955 y a todos los ciudadanos estadounidenses en 1968. Finalmente, el registro de electores en el exterior se hizo obligatorio para cada entidad de la Unión Americana en 1975.

Una práctica generalizada

Actualmente, de acuerdo con estudios del Instituto Nacional Electoral (INE) y de las Naciones Unidas, puede documentarse la existencia y aplicación de normas y sistemas para votar en el exterior en cerca de 150 países. De 1990 a 2014, el número de naciones latinoamericanas dentro de esta lista pasó de tres a quince; podría considerarse que el notorio aumento de este fenómeno se debe a la correlación casi natural de los procesos de acceso a la institucionalidad democrática o su restauración que se han presentado en las últimas décadas.

Si este razonamiento se sostiene, el voto en el exterior puede ser interpretado como una respuesta política legítima e institucional para el discurso y las exigencias de votación democrática y universal que han crecido a escala global. Estas demandas encuentran además un sólido respaldo conceptual y doctrinario en varios instrumentos jurídicos multilaterales, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de la ONU.

No obstante, existen grandes variantes respecto a qué sectores pueden sufragar en el exterior y bajo qué circunstancias, qué se les requiere, cómo y dónde pueden emitir su voto y cómo será contabilizado.

De los 150 países citados, alrededor de dos tercios han facultado a todos sus ciudadanos para hacerlo, mientras que un tercio restringe parcialmente su derecho. Algunas naciones, por ejemplo, permiten el voto en el extranjero solo para ciertos grupos o bien si un número mínimo de personas se empadronan en un país; otros permiten la práctica únicamente para ciertos procesos o solo en unos cuantos países.

El ejercicio del voto en el exterior en la práctica se ve complicado por factores como el número de electores, su ubicación, las distancias involucradas, el costo y la complejidad del sistema. Este tipo de voto hace más compleja la planeación electoral y ésta a su vez debe tratar de resolver problemas como la duplicación del sufragio en el país donde reside el elector y en el extranjero.

Existen cuatro grupos de personas que están facultadas para votar en el exterior:

A) Trabajadores migratorios.
B) Refugiados y desplazados internos.
C) Individuos que forman parte de ciertos sectores profesionales, como personal militar, funcionarios públicos o diplomáticos y sus respectivas familias.
D) Todos los ciudadanos de un país que residen o que se encuentran en el extranjero de forma temporal o permanente.

Asimismo, existen cinco métodos en uso para sufragar en el exterior:

A) Voto directo en sedes diplomáticas u otros lugares habilitados para esa función.
B) Voto por correspondencia.
C) Voto mediante un apoderado o representante legal.
D) Voto por correo electrónico.

Editado por Sofía Danis
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