Ciudad del Cabo: Alerta para un mundo sediento

La escasez de agua llegó para quedarse y puede ser una de las mayores causas de conflictos internacionales y malestar social del siglo
Una planta crece en la presa Theewaterskloof que suministra la mayor parte del agua potable de Ciudad del Cabo - Foto: Mike Hutchings/REUTERS
16/03/2018
11:48
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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El desastre puede haberse retrasado por varios meses en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, pero el drama actual debe ser entendido plenamente por el resto del mundo: la escasez de agua llegó para quedarse y puede ser una de las mayores causas de conflictos internacionales y malestar social del siglo.

Gracias al gran esfuerzo realizado por las autoridades locales en los últimos meses, incluyendo restricciones que alteran la vida cotidiana, como el establecimiento de una cuota diaria de apenas 50 litros por persona, la prohibición de usar agua del grifo para lavar carros o regar jardines, así como el despliegue de una fuerza especial de la policía que patrulla suburbios ricos y barrios irregulares para impedir el desperdicio, el 12 de abril o Día Cero, cuando la urbe de cuatro millones de habitantes quedaría seca, logró evitarse y ahora se espera hacia el 9 de abril, fines de agosto o incluso 2019.

No obstante, el futuro inmediato todavía depende de las lluvias de invierno en el hemisferio sur.

El Municipio Metropolitano de la Ciudad del Cabo, encabezado por Patricia de Lille, planea cortar el suministro en viviendas y empresas cuando sus seis mayores presas—ahora a 26% de su capacidad— toquen la marca de 13.5%, y también prepara 200 estaciones de emergencia en puntos de reunión, cada una de las cuales tendría que atender a 20 mil personas.

Nuevos pozos son excavados y cuatro plantas de desalinización son construidas con apoyo financiero del gobierno de la provincia del Cabo Occidental. “Siempre y cuando sigamos consumiendo el líquido en los niveles actuales y tengamos una precipitación invernal aceptable este año, el Día Cero no llegará en 2018”, afirmó Mmusi Maimane, líder de la oposición sudafricana, cuya Alianza Democrática gobierna Ciudad del Cabo.

Los últimos tres años de sequía han cobrado su precio a la economía. La agencia calificadora Moody’s advirtió esta semana que la crisis provocaría un fuerte aumento del endeudamiento de la ciudad y la contracción de la economía provincial entre más tiempo se prolongue el problema, reportó Reuters.

La producción agrícola caería en 20% este año, reduciendo las exportaciones de frutas a Europa y uno de los impactos directos se recibiría en los ingresos operativos de Ciudad del Cabo, ya que 10% proceden de las tarifas por el uso de agua. El gasto de inversión en infraestructura hidráulica y saneamiento ascendería a 12,700 millones de rands (mil 76 millones de dólares) en los próximos cinco años.

La sequía también amenaza con frenar la recuperación económica de Sudáfrica, que se ha alimentado con un incremento de la producción agrícola. Ciudad del Cabo, irónicamente conocida como Cabo de las Tormentas en la era colonial, generó casi 10% del PIB total del país en 2016.

Años de negligencia

Los gobiernos nacionales y locales han sido duramente criticados por su manejo de la crisis. Un estudio de la Comisión de Investigación de Aguas advirtió en 1990 que Ciudad del Cabo, la segunda área urbana más poblada de Sudáfrica después de Johannesburgo y también capital legislativa del país, quedaría sin abasto en 17 años.

El suministro de agua fresca aún proviene de las seis reservas que dependen de la lluvia, mientras que los planes para aprovechar los mantos acuíferos subterráneos de la provincia se aplazaron varias ocasiones.

Mala gestión, cambio climático, urbanización acelerada y desigualdad—Ciudad del Cabo es una de las urbes más violentas del mundo y su tasa de desempleo se ubica en 25%—son las principales razones de la crisis.

El panorama es similar en 125 de las 500 ciudades más grandes que enfrentan una situación de “estrés hídrico”. De acuerdo con UN Water, el organismo de Naciones Unidas que coordina el trabajo sobre el líquido vital y el saneamiento, la demanda global de agua fresca—que sólo representa 3% del total de la Tierra—excederá la oferta en 40% para 2030, debido a una combinación de cambio climático, acción humana y crecimiento demográfico.

La Ciudad de México, México; Sao Paulo, Brasil; Beijing, China; El Cairo, Egipto; Yakarta, Indonesia; Teherán, Irán y Tokio, Japón, se cuentan entre las enormes áreas metropolitanas que viven en “estrés hídrico”.

La escasez afecta no sólo a la estabilidad social, sino que también puede llevar a disputas internacionales como puede observarse en el actual litigio entre Egipto y Etiopía por la construcción de la Presa Gran Renacimiento, que será el mayor proyecto de energía hidráulica de África y eje del desarrollo etíope, o en el desvío de las aguas del río Jordán al desierto del Negev en Israel.

En un reporte en 2012, el director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos abordó las cuencas hidrográficas más críticas—los ríos Nilo, Tigris-Éufrates, Mekong, Jordán, Indo, Brahmaputra y Amu Daria—para concluir que muchos de los países de África y Asia que consumen sus aguas enfrentarán escasez, mala calidad o inundaciones que podrían generar “inestabilidad, fracaso del Estado e incrementar las tensiones regionales”.

Los científicos y expertos, sin embargo, son optimistas en torno a las soluciones disponibles mediante el uso de nuevas tecnologías; por ejemplo, éste y otros temas serán estudiados por la industria en la Cumbre Global del Agua que tendrá lugar en París del 15 al 17 de abril.

Bajo el lema “Trascendiendo fronteras”, el sector debatirá como la biotecnología está cambiando el manejo del agua en la industria del petróleo y del gas, la reutilización de aguas residuales, asociaciones público-privadas y proyectos de infraestructura.

Editado por Sofía Danis
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