Armas químicas, una antigua amenaza para la humanidad

La historia conoce la grave amenaza de las armas químicas desde la antigüedad clásica cuando el ejército ateniense contaminó el agua de la ciudad sitiada de Crisa
Armas químicas, una antigua amenaza para la humanidad
Dos soldados rusos realizan un control de rutina a contenedores de metal con agentes tóxicos en un depósito de armas químicas en la ciudad de Gorny, Rusia - Foto: AP
06/04/2018
16:58
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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La historia conoce la grave amenaza de las armas químicas desde la antigüedad clásica (hacia el año 600 A.C.) cuando el ejército ateniense contaminó el agua de la ciudad sitiada de Crisa con plantas venenosas de eléboro durante la Primera Guerra Sagrada, mientras que las fuerzas del Peloponeso utilizaron vapores de azufre contra la población de Platea.

Más tarde, el fuego griego resultó clave en muchas de las victorias navales bizantinas, sobre todo para salvar a Constantinopla de dos sitios árabes.

La fórmula del arma incendiaria fue un secreto celosamente guardado en el Imperio Romano de Oriente y continúa siendo objeto de debate, con varias teorías que enumeran mezclas de resina de pino, nafta, cal viva, fosfuro de calcio y azufre.

En 1675, Francia y el Sacro Imperio Romano (la actual Alemania) suscribieron el Convenio de Estrasburgo, considerado el primer pacto internacional para prohibir los arsenales químicos, en este caso el empleo de balas envenenadas.

No obstante, fue hasta la Primera Guerra Mundial cuando la historia registra el primer uso en gran escala de armas químicas, desde compuestos incapacitantes como el gas lacrimógeno hasta agentes letales como fosgeno, cloro y gas mostaza.

Había nacido la era de las armas de destrucción masiva dejando casi 90 mil muertos entre un total de 1.3 millones de bajas provocadas por ataques con gas.

El uso de gases venenosos por parte de los principales bandos beligerantes en el conflicto representó de hecho un crimen de guerra, al violar los convenios de La Haya sobre Gases Asfixiantes de 1899 y sobre Leyes y Costumbres de la Guerra Terrestre de 1907.

El Protocolo de Ginebra fue aprobado por la Liga de las Naciones en 1925 que prohíbe el empleo bélico de agentes químicos y biológicos, pero no su desarrollo, producción o almacenamiento.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las principales potencias se abstuvieron de utilizarlos en el campo de batalla. Sin embargo, gases venenosos como el Zyklon B, un pesticida inventado en los años 20, fueron empleados por la Alemania nazi en el Holocausto.

Agente Naranja

Estados Unidos recurrió al Agente Naranja, un herbicida y defoliante, a fin de privar a las guerrillas de alimento, zonas para ocultarse y su base de apoyo rural en la Guerra de Vietnam.

El gobierno del país sudasiático sostiene que hasta tres millones de personas han padecido enfermedades debido al contacto con el defoliante y la Cruz Roja calcula que más de un millón están discapacitadas o sufren problemas médicos a consecuencia de la contaminación.

Por su parte, Irak usó armamentos químicos en su guerra con Irán en los años ochenta y lanzó un ataque aéreo con gas mostaza contra la población kurda de Halabja en 1988, matando a casi 5,000 personas, la mayoría civiles.

En 2013, la amenaza de una intervención occidental en el conflicto sirio fue evitada después de que el régimen de Damasco firmó un acuerdo que llevó a la eliminación de sus reservas químicas.

La Convención para la Prohibición del Desarrollo, Producción, Almacenamiento y Uso de Armas Químicas y sobre su Destrucción (CWC, por sus siglas abreviadas en inglés) de 1993 es el acuerdo internacional en vigor más reciente para su control, administrado por la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), una agencia independiente con sede en La Haya.

En estrecho trabajo con Naciones Unidas, OPAQ gestiona los términos de la CWC entre 192 Estados miembros—México entre ellos—que representan 98% de la población global.

Ahora bien, respecto al caso Skripal, México condenó categóricamente el ataque con “Novichok” contra el ex agente doble ruso Sergei Skripal y su hija Yulia en Salisbury, Inglaterra.

“México expresa su preocupación por el uso de armas químicas en violación de la CWC y del derecho internacional”, puntualizó la Secretaría de Relaciones Exteriores el mes pasado.

De comprobarse el involucramiento de un Estado en territorio de otro, advirtió, el gobierno mexicano se reserva el derecho de ejercer las acciones diplomáticas que considere convenientes, “incluyendo la declaración de persona no grata” de sus diplomáticos en el país, de conformidad con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.

El agente nervioso “Novichok” (Recién llegado) fue desarrollado y producido en los años 70 en Shijany, sede de un centro de investigación militar que se especializó en armamentos químicos y de radiación en la entonces Unión Soviética, de acuerdo con expertos británicos. Dicha información es parte de un reporte presentado hace varios años por Moscú a la OPAQ.

Sin embargo, los científicos británicos en el laboratorio de investigación militar de Porton Down no han establecido que el agente nervioso empleado para envenenar a los Skripal haya sido fabricado en Rusia, de acuerdo con un artículo publicado el martes en el diario The Guardian.

Editado por Sofía Danis
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