Desde hace 30 años, investigador de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), elabora la tinta que se coloca en el dedo pulgar una vez que se emite el sufragio. “La mancha de la democracia”, le dice. Su fórmula no está en alguna caja fuerte, sino en su memoria y no la ha revelado ni siquiera a su esposa e hijos.

“No lo he hecho y no lo haría. ¿Se imagina? Eso es lo que vale, el secreto”, comenta el investigador de 80 años de edad a EL UNIVERSAL en el taller en que unas 30 personas trabajan en la producción de los 350 mil aplicadores que se utilizarán en las 175 mil casillas de todo el país durante las próximas elecciones.

El académico cuenta que cuando él ya no esté dejará la elaboración de la tinta a sus cinco hijos. De hecho, su hija Aidé lleva unos años trabajando con él.

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Vázquez Dávila trae a su memoria el momento en que le presentó por primera vez la tinta a quien en ese entonces era titular del Instituto Federal Electoral (IFE), hoy convertido en INE.

“Se la presenté a José Woldenberg, quien quedó maravillado cuando vio los resultados de la tinta que elaboré. Y se convenció de su gran utilidad, él fue uno de los primeros en llamarle ‘la mancha de la democracia’”, narra.

Portando bata blanca y supervisando cada una de las labores que realizan los trabajadores, el académico destaca que “cooperar con la legalidad que se requiere para los procesos electorales es la satisfacción más grande que tengo.

“Esto para mí también es un orgullo porque acabamos con algunas mañas inadecuadas. Hoy, sólo se puede votar una vez”.

Y es que recuerda los tiempos cuando en los comicios federales o estatales el partido hegemónico de ese entonces realizaba el ratón loco o el carrusel , en los que a la gente la llevaban a votar en varias ocasiones por la facilidad con la que se quitaba la tinta, lo que actualmente es imposible con la fórmula que creó que, cuenta, tardó una semana en elaborar.

“Recuerdo que a la gente la subían a los camiones y les decían ‘véngase para acá porque necesitamos más votos para el partido’. Y así se los llevaban de casilla en casilla”.

Vázquez Dávila insiste en aplicar la tinta a esta reportera en el pulgar de la mano derecha, que duró pigmentado alrededor de cuatro días. Y sí, ni las labores diarias lograron que desapareciera la mancha.

Platica que la primera ocasión en que se utilizó su creación fue en las elecciones federales de 1994, cuando el candidato ganador fue el priista Ernesto Zedillo Ponce de León.

Rememora que en la década de los años 80 trabajó en EL UNIVERSAL en la producción de tinta para el diario. Ahí fue donde se le ocurrió hacer la tinta indeleble, que se ha utilizado en Nicaragua, Honduras, República Dominicana, El Salvador, Haití y Guatemala. Incluso, ha llegado a África con ayuda de las Naciones Unidas.

“En EL UNIVERSAL yo hacía tintas. Ahí aprendí (...) y ahí se me ocurrió hacer una indeleble para las votaciones y que reacciona químicamente con la piel”.

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