Ciudad de México.— sara.pantoja@eluniversal.com.mx
Huele a lechuga, a chiles secos, a tierra mojada. Se siente el cansancio del trabajo rudo y la decepción por las promesas incumplidas. En los pasillos de la Central de Abasto ya se percibe el “voto nulo” del mercader.
Es una mañana soleada, la “urna volante” de EL UNIVERSAL va por el “mandado”, a ese mundo de 304 hectáreas al oriente de la ciudad, a preguntar por la intención de voto en los comicios venideros.
Y aunque no hay ofertas del dos por uno, ni remate ni “bara bara”, mucho menos regateo, el “voto nulo” sale ganón y se lleva su carrito bien cargado con 28% de los votos. “Anulo mi voto porque no cumplen, no se cree”, “No voto por ninguno” “¡ya no roben!”, “Todos los partidos reflejan lo mismo, prefiero el voto nulo”, se lee en boletas que recibe la urna entre los pasillos del centro de abastecimiento comercial más grande de América Latina. Y por si fuera poco, la fuerza que otrora tuvieron PRD y el PRI entre los miles de comerciantes se quedó muy por debajo de la ganga con 19 votos cada uno.
Mercancía fresca
“Ahí va el golpe, ahí va el golpe” amenazan los “diableros” que libran cajas de abarrotes, mientras la “urna volante” enmedio del pasillo K recibe sólo 11 votos para el PAN y da la oferta del momento: “SOS Alejandro Martí”, escriben dos votantes en su boleta, mientras “Batman” se lleva un sufragio más.
Es la nave de frutas y legumbres. Al fondo, una grabadora que comparten decenas de limpiadores de lechugas romanas, canta: “Ámame, no te olvidaréee jamáaas...”. Al lado, un comerciante en su puesto de café y tortas, trata de explicar: “No voto porque voy a hacer lo mismo, eso de contar”, refiriéndose a que será funcionario de casilla.
En otro puesto, el jitomate está a seis pesos el kilo. Apenas se acerca la “urna”, el mercader sentencia: “No, no hay dinero”.
— Pero no pedimos dinero, sino su participación en la urna. “Ah, de todos modos, no voy a votar”.
Botas de hule, mandil enegrecido de tierra, y barba de tres días, un comerciante de chiles serranos dice: “Es puro negocio, los partidos políticos sólo buscan el poder del dinero”. Otra persona que compra tomates le sugiere a su esposa: “Vota por los que nos traen los desayunos”.
Morralla abstencionista
Y por aquello de la crisis, hay varios que sólo traen pura morralla de abstencionismo: “No gracias, ahorita ando trabajando”, “no, yo ni vivo en el DF”, “yo ni tengo credencial”, “mejor pregúntale a otro”, dicen.
“Yo no voto por ninguna chingadera, todos son unos pend...”, murmura un vendedor que ronda la urna. “De todos modos, todo ya está arreglado, cualquier partido es lo mismo”, arenga otro junto a un montón de arroz que se vende a 12 pesos el kilo.
En otro pasillo, la acción está en pleno. “El Casigüir” reparte: dos de bastos, cuatro de espadas, seis de copas y más de cien pesos de apuesta al centro del cajón junto a una balanza. Nadie voltea, ninguno hace caso al llamado de la democracia.
“¡Órale cabrones, votan o no votan!”, grita un “diablero” que pasa sin frenar y casi atropella a la urna volante. Otro sí se detiene y pregunta: “¿Qué, hay?,¿hay que echarle dinero?”.
En la esquina, atendiendo su puesto de cebollitas de cambray, una joven de cejas pintadas vota y al primer flash de la cámara, más de 10 le gritan: “¡Órale, la estrella de la tele!”, “¡mamacita ¿a qué hora sales al pan?!” y le siguen silbidos de coqueteo.
Rumbo a la nave de los abarroteros, en un pasillo iluminado por un letrero de neón que dice “Ave María” arriba de una imagen de la virgen, otro negociante se queja:
“Mire cómo está el tablero de la luz con cables quemados, hay hoyos en vez de coladera y el basurero en la esquina. Póngale ahí que todos son iguales, nos tienen a todos descompuestos, pero eso sí, a la hora de cobrar y votar, están listos”.
Frente a un puesto donde venden croquetas de perro al mayoreo, un joven comenta: “Para qué votar si esto está de la chingada, mejor me voy a volver narco, eso sí deja”. (Con información de Karina Suárez y Fernando Rodríquez)