ECATEPEC, Méx.— Héctor Julio Onofre Hernández tenía tres meses cuando las llamas envolvieron a sus padres, que trataban de huir de la explosión llevándolo en brazos.“Yo no me acuerdo —dice de esa mañana en San Juanico—. Sólo sé que ahí murieron mis papás, mientras me protegían”.
Julio tiene 25 años de edad y vive solo en su vivienda de Valle de Anáhuac. Fue el único sobreviviente de su familia. Se resiste a hablar “pues yo no me acuerdo de nada, sólo sé que ahí murieron mis padres”.
“Yo no tengo secuelas”, afirma, pero fue sometido a ocho cirugías en el Hospital Infantil, y una más a los 13 años, en el Hospital Shriners, en Galveston, Estados Unidos.
“Mi vida ha sido fácil y contradictoriamente muy dura, porque fallecieron mis padres, pero ¿a quién le puedo reclamar? Aquel gobierno ya salió, ya ni existe, ahorita hay otras personas, en realidad [el reclamo es a] los gobiernos anteriores, que pudieran haber hecho algo en su momento. ¿Ahorita qué? El nuevo gobierno ni se ha de acordar”.
Tranquilo, sin resentimiento, con una actitud optimista por sus planes, afirma: “Quiero acabar la prepa. De hecho, creo que se pueden las dos cosas (trabajar y estudiar), es cuestión de darse tiempo”. Estudiar doblaje de películas y series es su plan, “sólo que la mensualidad es de 3 mil pesos y todavía no me alcanza”, dice.
Al fallecer sus padres en las explosiones, a Julio lo cuidó su abuela con el apoyo de sus tíos maternos.
Desde los 18 años empezó a trabajar. Ahora lo hace en un puesto en Tepito, pues no tiene ningún tipo de pensión o beca.