TLALNEPANTLA, Méx.— Su cuerpo quedó doblado y pegado entre sí cuando su madre la abrazó. De este modo la mujer intentó proteger a su hija de la explosión de San Juanico.Chío, como la llaman sus amigas, tenía cuatro años y fue cuando su vida quedó literalmente marcada.
Perdió a sus padres y su piel registró el calor del fuego que envolvió a San Juanico el 19 de noviembre de 1984, cuando explotó la primera esfera gigante de gas LP de Pemex.
“Yo tenía cuatro años y mi hermano cinco. Estábamos durmiendo y mi papá se iba a ir a trabajar, cuando de repente se oyó el golpe de la explosión. Mi padre agarró a mi hermano y lo metió debajo de la cama y mi mamá se puso como loca. Me puso entre sus brazos para sacarme y al momento de abrir la puerta nos dio la lumbre a las dos”, relata.
Sus padres fallecieron días después en un hospital. De ellos sólo conserva una foto de su boda.
María del Rocío Mendoza Pineda lucha por subsistir para mantener a su hija: “Es difícil conseguir trabajo por mi aspecto y porque casi no tengo fuerza en una mano”. Necesita trabajar para mantenerse ella y su hija, porque es madre soltera.
De niña fue sometida a un sinfín de cirugías que le devolvieron la movilidad en las piernas, pues el fuego dobló uno de sus pies y lo pegó a la rodilla; los dedos de sus manos quedaron fundidos entre sí, mientras que el tronco y su cara fueron reconstruidos en el hospital Shriners, al que llegó “gracias a un periodista que me fue a ver al hospital Rubén Leñero”.
Un hilo de lágrimas recorre sus mejillas cuando expresa que “de Pemex nunca recibimos nada”.