TLALNEPANTLA, Méx.— La cuna de José Héctor se estremeció con las explosiones de San Juan Ixhuatepec en 1984. Años más tarde eso provocó que el niño corriera al escuchar el ruido de un avión, hasta que su madre, Ana María Ramírez Hernández, lo llevó al aeropuerto y le demostró que no había nada qué temer.
José Héctor Hernández Ramírez, ahora de 26 años de edad, fue el único sobreviviente de un grupo de 30 familiares que el 19 de noviembre de 1984 dormían en dos viviendas ubicadas en Plaza Ricardo Flores Magón, en San Juan Ixhuatepec.
Sin recuerdos
Tenía un año ocho meses de edad y salió ileso. En su cuna vivió las explosiones. Muchos de sus familiares murieron y sus padres se salvaron porque salieron a trabajar a su puesto del mercado de esa comunidad.
“No recuerdo nada”, dice. Sus familiares relatan que de pequeño echaba a correr cada vez que escuchaba el ruido de un avión; temor que superó en su infancia luego de que su madre lo llevó al aeropuerto. Ahora tiene 26 años de edad, está casado, y es herrero y chofer.
Su hermano Mauricio nació en enero de 1985. Su madre, Ana María, tenía 23 años de edad y siete meses de embarazo cuando ocurrió la peor tragedia urbano-industrial registrada en la historia de México.
Los dos jóvenes acuden con regularidad a la fosa común del Panteón Caracoles para llevar flores a sus 29 familiares fallecidos, entre ellos su hermana Anabel Jenny, que pereció con apenas cuatro años de edad.