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| ¿Y ahora? |
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Gabriel Guerra Castellanos
El Universal Lunes 13 de julio de 2009 |
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Ha concluido al fin la temporada electoral 2009. Los ciudadanos nos tuvimos que tragar campañas insípidas o de mal gusto; disparates, mentiras y absurdos disfrazados de ofertas; descaradas violaciones a una ley electoral que por sí sola tenía para desvirtuar el proceso; candidaturas de pena ajena unas, de vergüenza otras, disfrazadas y embozadas las más notorias. Hubo quienes hicieron campaña por más de un partido y quienes la hicieron por otros partidos. Candidatos postizos que escandalizaron cuando es común que partidos postulen a mujeres que cederán su lugar sólo para que su franquicia cumpla con sus supuestas obligaciones de equidad de género. Vimos campañas enteras montadas en propuestas imposibles e ilegales, como la de la pena de muerte, pero también otras que con absoluta falta de pudor secuestraron para sí asuntos que deberían ser de Estado, como la lucha contra el narcotráfico. El caso de los spots fue memorable, y esperemos único. Millones de spots de partidos e IFE saturaron a los televidentes y los radioescuchas del país. La reforma electoral demostró que lo único peor que la falta de regulación y controles es el exceso de los mismos. En un ejercicio que me recordaba la planificación centralizada de las economías socialistas, las instancias electorales pretendieron ordenar —en todos los sentidos— tiempos, contenidos, frecuencias y horarios de la propaganda. Los regulados se dieron a la tarea de sacarle la vuelta, a veces legalmente y a veces no, al decreto centralista, con los resultados que conocemos. Por vez primera, el ciberespacio jugó un papel más activo en las campañas mexicanas, para bien y para mal. Partidos y candidatos hubo que le entendieron al tema y sacaron ventaja de él, aunque en muchas ocasiones o sobreestimaron el impacto de las campañas virales o no supieron cómo dar el siguiente paso. Facebook, Twitter y YouTube hicieron su debut formal en las campañas de 2009. Habrá quien piense que fueron determinantes o irrelevantes. Yo me inclino a pensar que su impacto fue más anecdótico que significativo, porque la sociedad mexicana todavía batalla para entender la tecnología. No es cosa sencilla pasar de las reuniones vecinales, los mítines y las visitas domiciliarias al video, al twit o a la diseminación de información, humor o calumnia que se puede dar en la red. Y ahí sí, regulaciones y controles que mostraron su insuficiencia frente a radio y tv fueron risibles en lo que a internet se trata. Hubo ganadores y perdedores, al menos en el corto plazo. Claramente en el rubro de triunfadores se cuentan el PRI y muchos de sus gobernadores, sus coordinadores parlamentarios y la dirigencia. Si bien se vislumbraba un buen desempeño del tricolor, los resultados superaron las expectativas, colocando al partido y a sus protagónicos en una situación privilegiada y compleja. Junto con sus aliados del Partido Verde tendrán el control del Congreso. Sus aspirantes a la Presidencia dominan ya el escenario mediático y las quinielas; sólo les falta definir qué quieren hacer con su poderío y cómo van a manejar su proceso de selección de cara a 2012. Este fue un paseo para el PRI, a pesar de o gracias a la campaña negativa panista. En tres años las cosas serán más complicadas. Del Verde no hay mucho que decir: no dejaron truco sin utilizar, y hoy están en los cuernos de la luna. Deberán preguntarse si quieren volverse un partido y un movimiento político de verdad o si prefieren seguir dedicados a fortalecer un exitoso proyecto empresarial. Los panistas buscan levantarse el ánimo. Los resultados les son devastadores y no sólo porque perdieron importantes posiciones, sino porque dejaron a su Presidente y su gobierno debilitados para negociar y llegar a acuerdos con opositores a los que ofendieron. Además, el PAN se queda hoy sin liderazgos visibles, sin candidatos aparentes hacia la próxima elección, y dividido por el rechazo a la dirigencia saliente y por lo que algunos panistas consideran su transformación en un partido gubernamental, no tan alejado de lo que fue el PRI. La elección (o selección) de su nuevo dirigente dará indicios del futuro rumbo de un partido que sigue demostrando que es mejor en la oposición que en el poder. La izquierda puede estar de luto o de fiesta, de acuerdo al humor de que amanezca ese día el ala que se sienta derrotada o triunfadora. La corriente que hoy dirige al PRD sufrió un revés que demuestra no sólo el debilitamiento de la izquierda “institucional” sino su fragilidad frente a liderazgos carismáticos y ante adversarios con mucha mayor capacidad de operación electoral. El caso de Iztapalapa pinta su dilema a la perfección: no hay votos sin López Obrador, pero con él no hay el PRD actual. AMLO demostró lo que muchos sabíamos: sigue vigente y mantiene un arsenal de apoyo popular que no puede descontarse hacia 2012. Su radicalización hará difícil que vuelva a conquistar a sectores importantes de las clases medias y la intelectualidad, pero quien hoy lo dé por muerto no es buen lector del escenario político. Para AMLO, como para el PRI, queda el dilema de cómo manejar su reciente éxito: relanzando un proyecto de izquierda coherente y moderado o lanzándose a los márgenes, con todos los riesgos que eso implica. ¿Y los ciudadanos que votaron, o se abstuvieron, o anularon? Sólo nos queda preguntar: ¿y ahora, qué sigue? gguerra@gcya.netwww.twitter.com/gguerrac Analista
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