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| DF: legitimidad bajo mínimos |
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Leonardo Curzio
El Universal Lunes 13 de julio de 2009 |
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Es un lugar común decir que la ciudad de México es la más politizada del país y que cuenta con una sociedad civil activa. Esta reputación proviene de dos hechos. El primero es la solidaridad y la espontánea organización ciudadana frente a la ineptitud del gobierno en 1985. El segundo es que desde 1997 es adversa a los presidentes de la República. Zedillo, Fox y Calderón han tenido su agujero negro en la capital. La democracia en la ciudad, inaugurada en 1997, permitió al PRD instalar su hegemonía. El PRD es un partido capitalino y la ciudad de México es su bastión. No entraré a juzgar si han sido buenos o malos los gobiernos de la ciudad, simplemente constato que al cabo de 12 años de vida democrática, la capital parece controlada por intereses que tienen asegurada su reproducción y que en modo alguno representan, y mucho menos entusiasman, a la mayoría. De los más de 7 millones de capitalinos empadronados, acudimos a votar por los jefes delegacionales menos de cuatro de cada 10 ciudadanos. En otras palabras, la autoridad local no suscita el interés de 60% de los vecinos. El voto nulo fue el más alto del país y en delegaciones como la céntrica Cuauhtémoc, la Magdalena Contreras y Tlalpan, la cifra de votos anulados fue de dos dígitos. Hagamos cuentas y pensemos que el delegado en Tlalpan gobernará con poco más de 30% de los sufragios emitidos. Si consideramos que en Tlalpan votó más o menos un tercio de los vecinos, el señor delegado va a “gobernar” con una escasísima base de legitimidad que resulta de representar a un tercio del tercio de la población. Nada que pueda entusiasmar. Gobiernan porque siguen contando con una base electoral que les asegura el número suficiente de votantes leales o controlados, pero es inocultable el hecho de que allí al igual que en Gustavo A. Madero, Iztacalco y Álvaro Obregón el porcentaje de abstencionismo y de voto nulo supera con creces la representación de todos los partidos. Tenemos autoridades locales bajo mínimos de legitimidad y me pregunto cómo una ciudadanía activa puede vivir con una representación tan anémica. La ciudad de México es rehén de un régimen de partido oficial que controla un enorme presupuesto que le permite perpetuarse, pero no parece inclinado a usar ese poder para mejorar la calidad de la representación. En muchos casos pienso que la tendencia kakistrocrática (el gobierno de los peores) se consolida. En la ciudad de México perdieron candidatos como Laura Esquivel y ganaron personajes de trayectoria oscura o peor aún invisible. No haré comentarios clasistas, simplemente constato que si un vendedor ambulante, convertido en el pelele del caudillo, triunfa y una escritora de renombre internacional pierde, significa que la culta y politizada ciudad de México se siente mejor representada por Juanito que por Laura Esquivel. Para muchos progresistas es un trago amargo el reconocer que la izquierda en la capital ha empobrecido los contenidos de la democracia y ha reforzado la hegemonía de una cierta clase media baja, menos interesada en la movilidad social y más demandante de la expansión de sus mercados ambulantes y sus taxis pirata. Hubo un tiempo en que la izquierda ofreció el IPN y la UNAM como canales de movilidad social y de dignificación de las clases populares. Hoy en la ciudad de México la izquierda gobernante parece más preocupada por controlar sus clientelas que por mitigar las terribles desigualdades que tiene nuestro país. Creo que la ciudad de México se merece una lectura autocrítica por parte de sus élites. Analista político
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