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| Infanticidio y voto nulo |
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José Carreño Carlón
El Universal Miércoles 10 de junio de 2009 |
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Nadie ni nada se salva del furor de los actores públicos por controlar en los medios el giro de cada noticia para acomodarla al servicio de su interés particular o de su causa política. Ni las decenas de bebés sacrificados en el incendio de Hermosillo. Ni el movimiento antipartidos y antisistema electoral por el voto nulo. Del viernes de dolor ante la muerte aberrante de los niños, pasamos al sábado de indignación ante las condiciones puestas al descubierto en la guardería subrogada por el Seguro Social a unos particulares. Y ya el domingo, los medios amanecieron concentrados ya sea en el control de daños de las instituciones y los actores involucrados en la tragedia, o en las promociones de sus competidores dispuestos a explotarla en su contra. Pero la acción mediática de los involucrados para ponerse a salvo de culpas y costos excluyó toda expresión de reconocimiento de responsabilidades oficiales o particulares. Las eludió el texto de los usufructuarios de la subrogación de la guardería, que a manera de control de daños y a cambio de la compensación a las víctimas ofreció rezos. Pero igual fueron omisas las declaraciones rutinarias del caiga quien caiga del director del Seguro y el Presidente de la República, lo mismo que el discurso de gratitud del gobernador por la visita de pésame presidencial. Mientras tanto, del otro lado, nada detiene a los pescadores en el mismo río revuelto. Y antes de ver concluida alguna investigación, ya se han anticipado sentencias y se han extendido condenas en los tribunales paralelos de los medios. Con el señuelo de los pequeños cadáveres indefensos, unos tratan de pescar puntos de rechazo presidencial en la competencia nacional (por la aparición de un apellido familiar en el manejo de la guardería) y otros tratan de sacar del juego a viejos enemigos en las guerras políticas del Estado. Votar o no votar En este clima parece poco previsible un establecimiento puntual, creíble de responsabilidades. Y se ve lejana la corrección de fondo de un sistema de decisiones y de supervisión que ahora dio lugar a este infanticidio múltiple. En estas condiciones la tragedia de Hermosillo probablemente sumará nuevos convencidos a la promoción de la anulación del voto. Porque este hecho apoya la percepción creciente de que de nada sirve elegir representantes y gobernantes que sólo se sirven a sí mismos y a sus grupos y estructuras partidistas, con sus respectivas redes de negocios, mientras se confirman una y otra vez los resultados trágicos de la negligencia y de las distorsiones impuestas a la función pública y al interés general. Se pueden encontrar argumentos apreciables y deleznables, lo mismo entre quienes promueven el voto nulo y entre quienes combaten esa promoción. Y hay personajes respetables y abominables en uno y otro lado. Dogma e histrionismo Pero, otra vez, el furor de los actores por colocarse en los medios del lado que consideran más ventajoso ha producido lo mismo excesos histriónicos de burócratas partidistas en el acto de conversión a la causa antipartidos, que la mala costumbre de dogmatizar que llevó a la Iglesia a erigir en dogma el deber de votar por los partidos realmente existentes. La opción, sin embargo, es más ambigua, más terrenal: hay motivaciones de sobra para que prenda la idea de expresar el rechazo a los partidos y al sistema electoral, y también hay intereses en restarle más bases de legitimidad al sistema político, con la deserción de los votantes, para así hacer más vulnerables y más controlables a las instituciones del Estado. Y en el otro frente, hay argumentos sólidos contra la anulación del voto, al lado de los intereses dispuestos a seguir utilizando a los partidos y al sistema electoral para seguir controlando en su beneficio las decisiones y las indecisiones del Estado. jose.carreno@uia.mx Académico
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