![]() |
| Un nuevo acuerdo |
|
Macario Schettino
El Universal Viernes 10 de abril de 2009 |
|
|
|
México ha tenido dos regímenes en su historia: el liberal autoritario y el de la Revolución Mexicana. El régimen liberal autoritario fue fundado por Juárez, e inicia claramente en 1867, al término de la Intervención. Es un régimen liberal en lo económico, pero autoritario en lo político. Se busca en ese tiempo convertir a México en un país capitalista, liberando las fuerzas económicas detenidas en la propiedad comunitaria y corporativa, ordenando las finanzas públicas y promoviendo la creación de empresas. En la esfera política, el control del poder descansa en un hombre fuerte, que con base en alianzas regionales logra mantener unido al país. La importancia de estas alianzas va a disminuir conforme el telégrafo y el ferrocarril achican al país, pero nunca desaparece. Este régimen alcanza su punto máximo con Porfirio Díaz, pero no desaparece con su salida, sino que es recuperado por los primeros ganadores de la guerra civil, los sonorenses, que reconstruyen el funcionamiento de la economía bajo las mismas reglas y prácticamente con los mismos actores, y asumen el control del país también bajo la lógica del hombre fuerte, que no siempre es el presidente. El único cambio entre la versión oaxaqueña y la sonorense puede registrarse en la retórica, pero no en los valores. Se sigue buscando la transformación capitalista de México, aunque antes se hablara de “orden y progreso” y después de “revolución”. Más un reconocimiento del ascenso de un nuevo actor político, los obreros, que un cambio profundo del régimen. El régimen de la Revolución es construido por Lázaro Cárdenas, y es profundamente distinto del anterior. No es sólo un cambio de retórica, sino de valores y estructuras de poder. Se acaba la transformación capitalista, y se privilegia la organización social de la producción, con intervención directa de obreros y campesinos. Se agrupa a éstos desde el Estado en corporaciones que servirán de sostén al régimen. Este régimen corporativo ya no busca el crecimiento del país, sino la estabilidad política que dan esas corporaciones. En consecuencia, ya no habrá más crecimiento económico, sino redistribución de rentas, extraídas a quienes no hayan logrado organizarse. Así, obreros sin sindicato, campesinos sin central y la clase media en general son expoliados para financiar con ello la organización social corporativa: empresarios socios del poder que mantienen mercados cerrados, obreros y empleados sindicalizados con derecho de exclusión, campesinos agrupados en centrales. Todos estos grupos recibirán recursos que se extraen de quienes no han logrado organizarse. Este segundo régimen tiene el problema de no producir crecimiento, como se ha dicho, de forma que la extracción permanente de recursos implica la quiebra del Estado en algún momento. En los primeros años del régimen, esto no ocurre porque hay todavía recursos ociosos que pueden incorporarse a la producción. Pero para mediados de los años 60 estos recursos se terminan. Pero sin reparto de prebendas, el régimen desaparecería, de forma que se opta por endeudar al Estado para sostener el proceso. La deuda alcanza un crecimiento prácticamente exponencial en 1980, llevando efectivamente al país a la quiebra. No fue peor gracias al descubrimiento de Cantarell, que permitió mantener al país desde entonces y hasta 2008. Más todavía, el régimen de la Revolución no desaparece en 1982 porque Cantarell alcanza a sostener el arreglo político. Fue necesaria una nueva crisis, que también resolvió el petróleo, para terminar definitivamente con las estructuras del régimen revolucionario, 15 años después. Quienes promueven la restauración del régimen lo hacen precisamente por esa repartición de rentas. La paulatina desaparición de ellas ha provocado que los grupos corporativos tengan cada vez menos recursos, y les duele. A los demás nos duele que esa desaparición no sea más rápida y efectiva. Es decir, que México tiene hoy dos grandes grupos en pugna. Un grupo, que vivió de extraernos recursos por décadas, quiere reconstruir el antiguo régimen, para seguir viviendo de nosotros. El otro, que por décadas financió a esos grupos corporativos, no está dispuesto a hacerlo. Estos dos grupos no tienen un reflejo directo en los partidos políticos, aunque es claro que los rentistas están desproporcionadamente en los partidos revolucionarios. Los rentistas tienen a su favor precisamente su organización, pero no su número. Son menos que nosotros, pero están mejor organizados. Es, en el fondo, el crimen organizado que ha llevado a México a su casi destrucción. Son empresarios, obreros, campesinos, universidades que siempre tienen excusas para no dejar de extraernos dinero: el mercado interno, sin maíz no hay país, el diesel barato, la investigación, lo que usted quiera. Pero no hay más que ver los resultados: este país quebró en 1980 y sólo ha seguido funcionando gracias al petróleo, que ya se acaba. Urge un nuevo acuerdo. Pero detrás hay dinero, y eso no hace las cosas más fáciles. www.macario.com.mx Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
|
|
© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL |