Visitando Cuba
Ricardo Pascoe Pierce
El Universal

Miércoles 14 de enero de 2009



Después de su reunión con Barack Obama, el presidente Calderón tendrá, en el primer semestre de 2009, la ocasión de visitar Cuba, a invitación expresa de Raúl Castro. La visita tendrá una significación especial: recomponer la relación (ciertamente difícil, compleja y contradictoria) triangular entre Washington-México-La Habana, rota ésta por la frivolidad política del sexenio anterior. De ahí su importancia.

Es de tomarse en cuenta que no hay indicios de que Obama le hubiera exigido a Calderón reunirse con los disidentes en su viaje a Cuba, como sí lo hubiera hecho Bush. Hay la percepción de que habrá un mayor respeto hacia las decisiones nacionales entre Washington y México.

La presidenta chilena, Michelle Bachelet, atendiendo una agenda oficial, prepara maletas para el primer viaje de un mandatario chileno a Cuba desde el golpe de Estado contra Salvador Allende. El gobierno chileno ha anunciado su intención de no reunirse con los disidentes cubanos, cosa que ha provocado la ira de toda la derecha chilena que apoyó el golpe, desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Renovación Nacional. En este caso, el conflicto es interno y no proviene de Washington.

Existe el peligro de que presiones internas pudieran darse en el caso de la visita de Calderón a Cuba. Tanto sectores del PAN, vinculados a la ultraderecha internacional, como funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores, pudieran prestarse a ser el ariete para complicar la visita del presidente Calderón a Cuba. Panistas han hecho juramentos para “adoptar” disidentes, como varios funcionarios de la SRE, coordinados por el ex subsecretario de América Latina, Gustavo Iruegas, se prestaron al juego sucio de Castañeda para torpedear la visita de 2002 a Cuba, programando una reunión de Fox con disidentes, sin aviso previo a los anfitriones oficiales.

Calderón tiene la oportunidad histórica de recomponer la relación entre México y Cuba, siguiendo la máxima diplomática de que se trata de tener relaciones fluidas con todos los países, incluso con aquellos con quienes existen marcadas diferencias ideológicas, económicas o religiosas. En este momento histórico, el diálogo es el camino para atender las diferencias que puedan existir entre estados y no la confrontación.

En esta ocasión, la visita de Calderón deberá, por lógica y necesidad, excluir cualquier encuentro con disidentes, tanto del presidente como de la canciller. El viaje a Cuba es para terminar de curar heridas y no para volver a distorsionar la comunicación con su gobierno, además de impulsarla como un destino para inversiones mexicanas, ávidas de situarse en latitudes diversas.

Es hora de iniciar un nuevo capítulo entre México y Cuba.

ricardopascoe@hotmail.com

Analista político



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