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| Leo, luego existo |
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El Universal Sábado 20 de diciembre de 2008 |
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Joaquín Guillén Márquez Estudiante de primer trimestre de Sociología de la UAM-Azcapotzalco Cuando los antiguos pueblos querían conquistarse uno al otro lo primero que hacían era destruir el acervo cultural del enemigo (la biblioteca real de Alejandría es el mejor ejemplo de ello), de esa forma se anulaba la identidad del pueblo. Otras lenguas, otras costumbres, otra literatura sería impuesta. El golpe a esa esencia era enorme…¿Qué pasa entonces con nosotros los mexicanos? El mexicano lee, en promedio, menos de un libro al año. ¿En qué nos estamos convirtiendo? ¿Qué hemos hecho para negarnos de esa manera? Parece que desde la escuela primaria se nos inculca ese pensamiento —llamaría incluso repulsión— a los libros. Es importante conocernos, leernos, aprendernos. Darnos cuenta de quiénes y qué somos. Quizá es el momento de ver que leer (y no sólo, en nuestro caso, literatura mexicana) nos hace alguien, nos lleva de la mano, nos muestra pensamientos, sociedades, lugares que de otra forma no conoceríamos. Apreciarnos, como individuos y como individuos mexicanos. ¿Cómo es posible que se reconozca más a Octavio Paz en el extranjero? En México, durante 1984 se le insultó fuertemente por un escrito en el que hacía críticas al régimen de Fidel Castro y a la Nicaragua sandinista. Estos sucesos llevaron al acto más vergonzoso que podrían haber hecho: la quema en efigie de Paz. Otro hecho, parecido al anterior fue el momento en que un arzobispo hizo declaraciones respecto a Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe diciendo que lo consideraba “blasfemo”. Algunas personas de izquierda (en el primer caso) y religiosos (en el segundo caso) hablaron mal del Nóbel mexicano sin haber leído sus obras. Hablamos de Octavio Paz, años antes de haber sido reconocido con su Premio Nobel en 1990, después los mexicanos que tanto atacaron al intelectual y sus obras tuvieron que comerse sus palabras, como si nada hubiera sucedido. Hasta la fecha, en los niveles de educación media superior no se lee ‘El Laberinto de la Soledad’ (donde Paz explica a México y a los mexicanos). Sin embargo Paz no ha sido el único que ha sufrido o que dá identidad al pueblo Mexicano. Toda la literatura (no ‘light’) nos hace lo que somos. ¿Qué hacemos por ella? ¿Por qué somos tan pobres leyendo? Es desilusionante ver las situaciones que se forman a raíz del problema de la lectura. Estudiarnos y sabernos lectores, nos hará mejores individuos, alumnos, trabajadores, un mejor país. En fin, los libros pueden hacernos todo lo que aquellos grandes pensadores mexicanos han querido: libres. Todavía sigue siendo difícil entrar al aula de clases y ver que nuestros compañeros no leen, ver que no conocen —que no leen— a nuestros exponentes en la literatura, los mismos que son venerados en otros países. Darnos cuenta de nuestra cruda realidad sólo nos hará pensar y, con suerte, ese pensar nos hará actuar. Tarea dura de realizar, pero que con empeño nos sacará del hoyo que sólo la literatura podrá rellenar. ¿Qué opinas? ¿Qué has leído últimamente que te haya cimbrado, hecho reír, llorar, lo que sea? ¿Cómo hacemos para leer más?
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