Bombas en Bombay
Jorge Heine
El Universal

Lunes 08 de diciembre de 2008




Al observar en la televisión el humo saliendo de las ventanas del sexto piso del Hotel Taj Mahal, donde alojé tantas veces, no pude sino reflexionar acerca de la enorme tragedia y destrucción que han traído los terroristas yihadis a India, el único país en Asia del Sur con una democracia vibrante, una economía próspera e instituciones estables. Sólo hay que repasar la lista de vecinos de India ( Pakistán, Nepal, Bangladesh, Sri Lanka) para darse cuenta lo difícil que le es proteger sus fronteras. India ha sido un bastión de estabilidad en una región acosada por conflictos y extremistas. Es precisamente por esa razón que los jihadis la atacan.

 Bombay, con sus 14 millones de habitantes, su condición de capital financiera y comercial de India, de sede de la Bolsa de Comercio y del Banco de la Reserva, así como de los principales grupos económicos (los Tatas, los Ambanis, los Birlas están todos allí) es blanco favorito de los terroristas. Desde el 12 de marzo de 1993, en que 15 estallidos casi simultáneos mataron a 257 personas y dejaron a mas de mil heridos, la ciudad ha sido atacada una y otra vez.

Sin embargo, el 26 de noviembre llevó los ataques a otro nivel, y será una fecha que reemplazará al 12 de marzo (de 1993) como el evento mas traumático en la memoria citadina. Aunque el número de víctimas fatales (172 hasta ahora y 290 heridos) puede terminar siendo menor, los terroristas han subido su apuesta. En vez de bombas anónimas, esta vez se trató de toma de rehenes, de ametrallamientos a sangre fría y de lanzamiento de granadas por doquier, en lugares tan emblemáticos como el Victoria Terminus, una de las estaciones de tren más grandes del mundo, el Hotel Taj Mahal (el mas conocido de India), el Hotel Oberoi, el Café Leopold y otros.

El nivel de entrenamiento de los terroristas puede colegirse del hecho que tres de los   oficiales de la  policía india especializados en lucha anti-terrorista, premunidos de chalecos antibalas y todo, cayeron inmolados por las balas de los atacantes, incluyendo el jefe de la Unidad Anti-Terrorista, Capitán Hemant Karkare.

Bombay no ha sido la única ciudad blanco de los terroristas en India. También lo han sido Nueva Delhi, Bangalore, Hyderabad y Jaipur, entre otras. Entre enero de 2004 y julio de 2007, India tuvo 3900 víctimas fatales de atentados terroristas, más que cualquier país, salvo Irak, y más que Afganistán y Pakistán (frecuentemente descrito como el país mas peligroso del mundo). Sin embargo, Bombay, que simboliza el éxito y los logros de la nueva India, sigue siendo el blanco preferido.

Las fuentes del terrorismo jihadi son muchas. En parte importante provienen del vecindario; el canciller indio Paranab Mukherjee aludió explícitamente a Pakistán en su discurso después de los atentados. De hecho, el cerebro de los ataques de marzo de 1993, Dawood Ibrahim, vive de lo más feliz en Karachi. La disputa indo-paquistaní por Cachemira es otra. La población musulmana de India, que llega a los 140 millones, se encuentra entre los sectores más pobres de India y ha sufrido  ataques políticos del fundamentalismo hindú.

Sin embargo, la abrumadora mayoría de los musulmanes indios son ciudadanos pacíficos, leales a su patria. La compleja operación del 26 de noviembre (incluyendo el establecimiento de “centros de control” en cada hotel por varios meses, a un costo considerable) no podría haber sido iniciada internamente.

El identificar como blancos preferidos a ciudadanos estadounidenses, británicos y a los de religión judía, algo sin precedentes en India, refleja el modo de operar de grupos fundamentalistas basados en Pakistán como Lashkar-i-Taiba y Jaish-i-Muhammed. El  terrorista que ha sido capturado es miembro del primero, un grupo tradicionalmente financiado por los servicios de inteligencia paquistaní. Se ha confirmado que los terroristas llegaron por mar, probablemente de Karachi, en botes pesqueros secuestrados en alta mar.

Tener a prominentes observadores occidentales como Peter Bergen diciendo, como dijo en CNN, que la única manera de resolver el problema del terrorismo en India es “resolviendo la cuestión de Cachemira” (entiéndase, acceder al petitorio paquistaní) es precisamente darles en el gusto a los que han incendiado Bombay. Ha llegado el momento de poner fin a la tolerancia con el terrorismo basado en Pakistán, con el que se ha tenido una paciencia infinita.

Catedrático de Gobernanza Global
en la Balsillie School of International Affairs



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