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| La fuerza del rumor |
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Jorge Buendía
El Universal Martes 18 de noviembre de 2008 |
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A pesar de una política informativa cercana a la transparencia total, las dudas envuelven la percepción ciudadana sobre la muerte de Juan Camilo Mouriño y sus acompañantes. En pláticas, fiestas o reuniones, tanto personas informadas como legas expresan dudas sobre la hipótesis del accidente. ¿Cómo llegamos hasta este punto si no hay evidencia para sostener la versión de un atentado? ¿Por qué, a pesar de un apropiado manejo de crisis, las teorías de la conspiración sobreviven? Un rumor es información basada en hechos no verificados. Los rumores más exitosos requieren contar con plausibilidad, pero también con un contexto de incredulidad hacia las autoridades. La plausibilidad tiene que ver con la interpretación de un evento por parte del público y la credibilidad tiene que ver con las características del emisor de la información oficial, en este caso el gobierno federal. El rumor de un atentado detrás de la tragedia aérea es plausible por la encarnizada guerra entre el gobierno federal y el narcotráfico, y también porque Mouriño iba acompañado de Santiago Vasconcelos, personaje clave en esa guerra y sobre el cual pendían amenazas de muerte. Estos dos elementos, la guerra contra el narco y la presencia del ex subprocurador, posicionaron fácil y rápidamente la hipótesis del atentado. Rumores como el que envuelve la muerte del secretario de Gobernación también requieren de la existencia de una conspiración. La conspiración radica en presentar como accidente lo que se cree fue un atentado. Nadie habla de un atentado ordenado desde las esferas gubernamentales, como en el caso de Colosio, sino simplemente que las autoridades callan que Mouriño fue víctima de un atentado preparado por el narco. En este sentido, el gobierno del presidente Calderón va cuesta arriba: la crónica desconfianza hacia las autoridades dificulta que la versión oficial tenga credibilidad, particularmente cuando la guerra contra el narco está en su punto más álgido. A pesar de que toda la evidencia apunta hacia un accidente, el rumor de un atentado encuentra terreno fértil en una población temerosa. Después del ataque del pasado 15 de septiembre, todo es posible. El escepticismo crónico hacia las autoridades dificulta además comunicar persuasivamente la hipótesis del accidente. Los rumores son inmunes a los asaltos de la razón. jorge@buendiaylaredo.com Analista político
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