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| Obama en la realidad |
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Antonio Rosas-Landa M.
El Universal Sábado 08 de noviembre de 2008 |
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CHICAGO, Illinois.— Reparar la economía será su primera gran prueba. El presidente de Estados Unidos es el comandante de las Fuerzas Armadas, pero no así comanda ni controla la economía. Hay medidas que puede implementar para regularla y supervisarla, pero una economía de libre mercado no se controla por decreto. Las economías dominadas por los caprichos del Estado y/o del caudillo en turno han dejado resultados terribles para sus pueblos, por lo que un sistema capitalista que, ciertamente, tiene muchos defectos luce encantador cuando se le compara con los regímenes autoritarios. Muchas iniciativas se han puesto en marcha por la administración Bush para motivar a los mercados internacionales a reaccionar. Los bancos centrales de los países desarrollados, en una medida sin precedente, acordaron bajar sus tasas de interés para devolver confianza a los empresarios de que el crédito (la sangre del capitalismo) estará disponible. Hasta ahora nada ha funcionado. La crisis no es de variables económicas, es de confianza. Obama debe transmitir la confianza al dinero mundial para que detenga su estampida. No podrá hacerlo solo, pero las políticas fiscales y económicas que implemente serán clave en los esfuerzos para hacer creer al mundo que ya caímos hasta el fondo y que llegó el momento de levantarnos y escalar a la cima de nuevo. Ahí su plan para cobrar más impuestos a quienes tienen ingresos superiores a los 250 mil dólares choca con la realidad. ¿Quién gana más de 250 mil dólares en Estados Unidos? Las clases media alta y la alta. ¿Qué hacen para tener esos ingresos? Puede que sean sofisticados ejecutivos de corporaciones públicas o privadas pero, mayormente, son empresarios medianos y grandes. ¿Quiénes generan empleos y oportunidades? Sí, adivinó, estos hombres y mujeres de negocios que al cobrarles más impuestos es casi seguro detendrán las inversiones que tuvieran contempladas, inhibiendo con ello la generación de nuevos trabajos. Como lema de campaña es hermoso decirle a la masa popular que se les hará justicia a costa de los malvados ricos cobrándoles más impuestos. Contribuciones que serán redistribuidas en políticas sociales que beneficien a los desposeídos. En la realidad, en momentos de recesión o, peor, de depresión económica, es una receta perfecta para el caos. Ojalá que Obama no caiga en su propia trampa de retórica populista. Lo que el presidente electo sí puede hacer es cerrar las lagunas que permiten, como en México, que los grandes y medianos corporativos no paguen impuestos a través de argucias legales. Ejemplo: ahora los dueños de negocios pueden deducir el costo total de una camioneta de esas conocidas como SUV, siempre y cuando ocupen el vehículo al menos 50% del tiempo que lo manejan para actividades de negocios. La deducción se autorizó cuando las SUV no existían, la iniciativa fue destinada para camionetas de trabajo como las que se ocupan en el campo o para transportar víveres. Con los años, la opulencia automotriz estadounidense encontró mercado para las camionetas de lujo (SUV) que responden a un mercado de estatus. ¿Cómo ocurrió? Porque las especificaciones técnicas de las SUV coinciden hoy en peso y tamaño con lo que hace décadas era exclusivo para vehículos de trabajo rudo. Evidentemente, el lujo y la buena vida no pueden ni deben ser deducibles de impuestos. Este es un ejemplo de lo que Obama debe corregir para detener los dispendios que afectan las arcas públicas. Obama es un tipo inteligente y pragmático. Por ello, que no sorprenda que la relación con México y la reforma migratoria no sean prioridad en su primer año de gobierno. Esta actitud no se debe a que por ser afroestadounidense no le importen los latinos. La razón se explica con esta metáfora: “Cuando la casa está en llamas hay que traer a los bomberos, no remplazar una ventana rota”. Obama se sabe poseedor de una estupenda capacidad de oratoria, pero él sabe que aunque las palabras inspiran a la gente, éstas no resuelven por sí mismas los problemas. Los estadounidenses y el resto del mundo debemos compartir el entusiasmo por su llegada al poder, pero siempre sabiendo que para poner los pies en la realidad primero hay que despertar. Alanda@Tribune.com Jefe de la página editorial del diario ‘Hoy’
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