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| Señoreaje, crimen de Estado |
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Santos Mercado Reyes
El Universal Viernes 07 de noviembre de 2008 |
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Se llama señoreaje a la acción del Estado que consiste en fabricar dinero para ponerlo en circulación. Antes se fabricaban billetes según la cantidad de metales preciosos que se extraían de la mina. Por cada onza de oro se fabricaban 100 nuevos billetes de un peso. Fabricar más dinero que no tuviera respaldo en oro se consideraba un fraude. Además, durante casi dos siglos esta actividad la realizó un agente privado, que estaba a cargo de la Casa de Moneda. Para cambiar billetes por el metal precioso sólo había que ir a la Casa de Moneda. Por el acuerdo de Bretton Woods el dólar estuvo ligado al oro a razón de 35 dólares y cada país fijaría su tasa de cambio respecto al dólar, lo cual permitía que los gobiernos administraran por su cuenta la cantidad de dinero en circulación. Esta relación dólar-oro no impidió que los gobiernos de EU hicieran señoreaje. En 1971, Nixon desconoció la tasa de cambio y se eliminó la regla de emisión respaldada en oro o en dólares y cada país podría emitir billetes bajo sus propios criterios. Desde entonces el mundo ha vivido los peores desastres económicos y financieros. Muchos gobiernos tomaron a la maquinita que fabrica billetes como fuente inagotable de recursos monetarios y provocaron devaluaciones, hiperinflaciones, destrucción de sus economías y las de sus vecinos. El dinero es uno de los inventos más maravillosos de la humanidad. Su función principal es facilitar las relaciones sociales y los intercambios libres y voluntarios. Algunos aprendieron a moverse en el sistema económico y acumularon grandes fortunas, sin dañar a nadie. Pero cuando la administración del dinero queda en manos inexpertas o demagogas puede llegar a destruir en pocos días cualquier economía. Suponga que en una economía hay 100 millones de pesos y de pronto el gobierno decide fabricar otros 100 millones. Para ponerlos en circulación acude a las colonias más pobres para regalar mil pesos diarios a cada ciudadano. Éstos compran zapatos, se incrementa la demanda y los precios suben. Quienes no recibieron dinero nuevo acuden a la tienda pero los precios son más altos que antes, su poder de compra se redujo y ya no pueden comprar; creerán que la ambición de ganancia llevó al zapatero a subir los precios, pero la pérdida de su poder adquisitivo se debe a la fabricación de nuevo dinero. El fabricante de dinero (el gobierno) robó su poder de compra. Esto es un crimen que golpea a los trabajadores con ingresos fijos y pactados por largo tiempo, pero también a los empresarios, pues creyendo que la compra de sus mercancías es una demanda del mercado (y no una artificialmente creada por el Estado) compran más máquinas, materia prima y contratan a más trabajadores. Las ventas se detienen cuando el gobierno deja de repartir dinero y las mercancías se le quedan en la bodega, las máquinas se detienen y echa a la calle a los trabajadores innecesarios. Otra forma de introducir dinero nuevo es que el gobierno lo ofrezca mediante sus instituciones a una tasa por debajo de la que cobran los bancos comerciales, pero termina por destruir el sistema bancario y eso también afectará negativamente a la sociedad. Es difícil enumerar todos los daños que ocasiona un gobierno cuando echa a andar la maquinita de billetes. El caso más palpable es la actual crisis financiera que vive EU con el gobierno de Bush. Ludwig von Mises recomendaba que la cantidad de dinero circulando en un país fuera constante: que ni se fabricaran nuevos billetes ni se retiraran de circulación. Aquel gobierno que haya fabricado dinero debe ser sancionado quitándole, cuando menos, el poder sobre la máquina de billetes. El banco central no debe estar en manos de los gobernantes, sino en manos privadas que apliquen la regla de “cantidad de dinero fija”. Para acabar con el señoreaje, es necesario privatizar la banca central, ponerla fuera del alcance de políticos y burócratas. Profesor investigador de Economía en la UAM-A
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