Calentamiento social
John Bailey
El Universal

Lunes 27 de octubre de 2008



De vez en cuando se escucha un término que enciende una luz en su mente, que lo hace ver algo de una forma nueva. El 14 de octubre, la Universidad de George-town otorgó un doctorado honorario a Rafael Rangel Sostmann, presidente del Tecnológico de Monterrey, y lo invitó a ofrecer un discurso al cuerpo académico sobre los problemas que enfrenta la universidad contemporánea en el siglo XXI.

En general, las universidades contemporáneas son agentes activos de la globalización. Georgetown, por ejemplo, ha perseguido activamente una variedad de iniciativas internacionales, incluyendo la apertura de un campus en Qatar. El Tec tiene numerosos acuerdos y programas con universidades de todo el mundo, incluyendo Georgetown. (Para ser totalmente claro, en los últimos cinco años he participado en un curso corto, en verano, con estudiantes de la Escuela de Graduados de Administración Pública del Tec).

Esta es la tendencia universal, y la mayoría de las instituciones de educación superior de México y Estados Unidos participan activamente en intercambios internacionales de numerosos tipos.

Lo que hace al Tec distinto es la ambiciosa expansión de los últimos 20 años más o menos, durante la cual ha crecido para servir a 90 mil estudiantes en 33 campus en todo México.

Menos sorprendente resulta, dado el prestigio de la institución, el innovador uso de la tecnología en el aprendizaje a distancia. La Universidad Tec Milenio, por ejemplo, ofrece instrucción flexible a estudiantes de bachillerato y universidad para ayudarles a adquirir habilidades específicas para ingresar en el mercado laboral.

Considerando todo esto, pensé que el doctor Rangel probablemente sabe una cosa o dos sobre los problemas que enfrenta la universidad contemporánea en el mundo globalizado. Su mensaje central, según lo entendí, es que existen muchos Méxicos, y que el reto fundamental para el país y sus universidades es la desigualdad.

Las diferencias en los estándares de vida entre las distintas clases sociales y regiones del país son inaceptablemente amplias. El principal reto de la universidad es tener un alcance global para participar en la creación de conocimiento, y entonces buscar formas de usar el conocimiento para promover un desarrollo socioeconómico que genere crecimiento y reduzca la desigualdad.

También destacó el problema de la corrupción en los sectores público y privado, y la necesidad de que la universidad promueva la educación sobre ética, no sólo en cursos específicos sobre el tema, sino incorporándola en todos los planes de estudios.

Su plática se centró en ejemplos específicos de enseñanza, investigación y servicios comunitarios que promueven un desarrollo equitativo y sustentable.

El Tec debe participar en la resolución de problemas generales compartidos, como el agotamiento de la energía y el calentamiento global. Pero de la misma manera en que el calentamiento global plantea riesgos vitales, hizo énfasis en que el “calentamiento social” provocado por la desigualdad requiere atención inmediata y sostenida.

Desconozco si el doctor Rangel inventó el término, pero fue la primera vez que escuché a alguien usarlo. Me imaginé sequías severas y tormentas devastadoras, y recordé los horrores del huracán Katrina.

Un profesor capacitado siembra una imagen o idea que se queda en la mente de las personas. El calentamiento social es una imagen inquietante, y una que no se olvida fácilmente. (Traducción: Gregorio Narváez)

*John Bailey es director del Proyecto México en laUniversidad de Georgetown



© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL