¿Qué pasa en Washington?
Jorge Montaño
El Universal

Viernes 03 de octubre de 2008



El posible colapso del sistema financiero estadounidense ha tenido repercusiones explicables en el mundo, que se pregunta asombrado por qué la Casa Blanca ha sido errática para restablecer la serenidad en los mercados.

El planteamiento tiene deficiencias atribuibles a la ignorancia de quienes desde fuera no tomamos en cuenta dos factores esenciales de ese sistema político. El primero es la tolerancia permisiva de las autoridades hasta que trasciende que acciones individuales, grupales o corporativas no sólo violan la norma, sino que han resultado ineficientes.

La reacción inevitable es sancionar con fiereza tardía la transgresión. Ese fue el detonador que encendió las alarmas. El atrevimiento solapado de violentar las prácticas conservadoras del aparato hipotecario, que sólo permitían otorgar créditos a tasas digeribles con respaldos tangibles, se trastocó en una máquina proveedora de recursos sin más garantía que la posibilidad de recuperar el inmueble y entregarlo a alguien más o presionar al moroso para que asumiera más créditos, creando las condiciones para distorsionar el sistema bancario e inmobiliario. Inexplicablemente, hasta las instituciones tradicionales se engolosinaron con ganancias fáciles e incluso vendieron el modelo fuera de sus fronteras.

El segundo principio que ocupó espacio es el acuñado por el legendario político Tip O’Neill, quien explicaba la lógica nacional del poder aseverando que “toda la política es local”. El espectáculo de quiebras y rescates que han ocupado las primera planas era, hasta hace unas horas, una extravagancia de interés para enterados, mientras el gran público lo consideraba resultado de la codicia de Wall Street, violatoria de la ética protestante del capitalismo, confirmando una abismal diferencia de percepciones.

La incapacidad de las autoridades para difundir las repercusiones de la crisis explica el voto negativo de los congresistas, que refleja el sentimiento de rabia de los electores contra los tomadores de decisiones en el Ejecutivo al más alto nivel.

Mientras el banco local sostuvo el flujo de créditos a los 27 millones de compañías que con 10 y hasta 500 empleados representan más de 50% de la producción, el juego perverso lo consideraban confinado a Nueva York y Washington, donde la feria de vanidades no reconoce el mérito de pequeños y medianos empresarios.

Hoy todos están en la misma frecuencia. La economía moderna no funciona cuando no puede acceder fácilmente al crédito, regla obvia que en ese país constituye la piedra fundamental de un sistema en el que, por principio, todos viven de financiamientos proporcionales a sus ingresos.

Los esfuerzos por establecer equilibrios perdidos implican la recuperación de la confianza en la solidez de los bancos, los cuales muestran dudas sobre su propia viabilidad, negándose los apoyos que deben brindarse entre sí.

Dadas las repercusiones ya explícitas localmente, los congresistas tendrán mandato de aprobar la propuesta del Senado, agregando algo para salvar cara después de su traspié. Esperamos que los 700 mil millones sean suficientes para detener la especulación. Toda proporción guardada, los recursos que consiguió el gobierno mexicano en 1995 mediante el préstamo de rescate permitieron romper el círculo aventurero y salir adelante. Lo sensato es apostarle a esta posibilidad, ya que hacerlo en otro sentido sería suicida.

montesco98@yahoo.com

Analista político



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