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| ‘Maquío’ |
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Germán Martínez Cázares
El Universal Martes 30 de septiembre de 2008 |
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“Cuando todo mundo hablaba de la necesidad de la reforma electoral, de la urgencia de modernizar la actividad política, y sacarla de la época de las cavernas, para que los ciudadanos recobren la confianza por saberse partícipes en el proceso de toma de decisiones, hay algunos gobernadores dinosaurios, inmovilistas, que no acaban de entender, quizá por tercos o dogmáticos, obcecados o tontos, que siguen atropellando a la ciudadanía con el primitivismo de sus acciones”. Así empezó, con esta denuncia a los gobernadores, el último artículo de Manuel Clouthier publicado en EL UNIVERSAL el día 2 de octubre de 1989. Ese día, este periódico cabeceó a ocho columnas: “Pereció Clouthier; un camión embistió a su vehículo”. Clouthier había enviado esa colaboración a la redacción un día antes de su muerte. “Primitivismo de gobernadores”, la había titulado. En ese escrito de hace 19 años se quejó de los gobernadores por el control de los medios, por el uso indebido del poder, por favorecer a su propio partido, por el abuso del poder; en suma, por obstaculizar el avance democrático, incipiente, tímido y dubitativo del entonces naciente sistema democrático mexicano. Clouthier vio con claridad el escollo. Entendió, con mirada de lince, de anticipación profética, lo que ahora es una realidad: necesita más control y mejor rendición de cuentas el poder local, ese poder de los gobiernos de los estados de la República. Héctor Aguilar Camín escribió recientemente: “La democracia hizo nacer autonomías estatales de facto que en muchos estados tienen rasgos de feudo. Hay que ordenar eso antes de que acabe de viciar el de por sí contrahecho pacto federal”. El poder personal y centralista del presidente de la República que Manuel Clouthier en el Partido Acción Nacional ayudó a repartir, controlar y fiscalizar terminó alojado con algunos desenfrenos e inmoralidades en la provincia mexicana con los gobernadores. Poco a poco, las reformas electorales y las partes de reforma del Estado que hemos aprobado, desde hace 20 años, entregaron el poder político del presidente de la República a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a los diputados y senadores y, también, una parte importante de esa fuerza política quedó suelta e indisciplinada con las prioridades de la nación en cada gobernador constitucional. Por eso en la llamada conferencia de gobernadores ellos marcan sus prioridades, no al presidente (finalmente el presidente sólo tiene derecho de iniciativa en leyes o presupuesto), sino al Congreso de la Unión, que en teoría define las políticas públicas que vertebran y hacen solidarios a los mexicanos. El acceso a la democracia plena mexicana está suspendido en varios estados de la Federación. Varios gobernadores se comportan, como diría Manuel Clouthier, como dinosaurios inmovilistas que no acaban de entender que el poderío político radica en la sociedad. Meten la mano en su propio Congreso, en los jueces, no tienen transparencia, no depuran la policía, manejan a algunos medios y su hacienda a su antojo, y encima piden más dinero a la Federación. Combatir ese feudalismo está en el legado de Maquío. Hacerse de la vista gorda frente a esos gobernadores significa traicionar a ese sinaloense, hombre mayor de sombra inmensa, como le diría don Luis H. Álvarez. *** Hoy es el aniversario del natalicio de José María Morelos y Pavón. Es la fiesta cívica de Morelia. El presidente Calderón estará allí en la calle, en sus plazas, y los delincuentes asesinos de la fatídica noche del grito de Independencia estarán en la cárcel. Presidente nacional del PAN
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