¿Dónde están?
Enrique del Val Blanco
El Universal

Jueves 25 de septiembre de 2008



Una de las consecuencias de esta crisis económica mundial ha sido el desenmascaramiento de muchos de los defensores, en algunos casos a ultranza, de las sacrosantas leyes del mercado. Hay casos que resultan ridículos, como es el del señor Felipe González rechazando el dogma neoliberal cuando como presidente de gobierno lo defendió, claro que con una rosa en la mano, y ahora critica el “capitalismo de cuates”, que por cierto era y es muy socorrido en España.

La gran pregunta que ronda es: ¿dónde están los defensores del libre mercado y comercio, esos que trataron de apabullarnos con teorías importadas vía sus posgrados en EU, ésos llamados aquí y en muchas partes los chicago boys? Por cierto, en la Universidad de Chicago gran parte del profesorado y los alumnos se niegan a que su biblioteca lleve el nombre de su premio Nobel, Milton Friedman. Así están las cosas en la metrópoli.

Pero ¿qué ha pasado en nuestro país en estos no 30 gloriosos años, como dicen los franceses, sino en los últimos 40 años, que además rememoran el movimiento estudiantil del 68 y la represión gubernamental? Muchos funcionarios de entonces, a pesar de que ellos o sus padres estudiaron en escuelas públicas, fueron a estudiar al imperio, trayendo consigo la “nueva economía” que dio pauta a la creación de escuelas privadas, que no universidades, donde imperan las enseñanzas pomposamente llamadas “modernas” de la economía.

Muchos de esos estudiantes regresaron y arribaron al gobierno. A partir de ahí inició la debacle que hoy vivimos en este país. Hace 40 años éramos menos pobres que ahora, la desigualdad social era menor y el empleo era una situación al alcance de la mayoría.

¿Qué sucedió entonces? Que aplicaron las políticas aprendidas con sus maestros, teóricos que en su vida habían dirigido algo más que su pluma fuente, e inició la pérdida del Estado mexicano del control de la economía. Vinieron las privatizaciones de las empresas públicas o su desmantelamiento y, producto de ello, varios de sus adquirentes se encuentran en las listas de los más ricos del mundo. Todo se subastaba supuestamente al mejor postor y con ello, también supuestamente, el país crecería. Pero la realidad ha sido otra. Nos hemos sumido en la mayor desigualdad y desempleo de la historia moderna.

Uno de los mejores ejemplos de lo que significa la actual crisis del capitalismo lo dan los ejecutivos de las empresas en algunas de las cuales el gobierno estadounidense ha tenido que tomar las riendas para salvarlas. Hablamos de 15 personas que van desde el presidente del Citigroup, a los presidentes o gerentes de Merrill Lynch, Morgan Stanley, J.P. Morgan, AIG, etcétera, quienes en conjunto se van a llevar, cuando menos, más de 300 millones de dólares como salarios e indemnizaciones por el fracaso cometido. Esta es la verdadera alma del capitalismo: en primer lugar la avaricia, luego el cumplimiento de la ley. Y al final siempre salen avante y multimillonarios.

Resulta curioso que ahora en nuestro país se lancen campañas para educar financieramente a la población, cuando los primeros que deben educarse son los miembros de dichas instituciones que, bajo engaños, argucias y teniendo como único dogma el becerro de oro, han metido a todo el mundo en este caos. Pero una vez más: ¿dónde están aquellos que en México vendieron los cristales y se llevaron el oro? ¿Por qué no dicen algo? Al menos que reconozcan su error.

Analista político y economista



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