¿Para qué sirven las contralorías?
Editorial de EL UNIVERSAL
El Universal

Lunes 08 de septiembre de 2008



Ya es bastante comprometido que la antigua Contraloría, hoy Secretaría de la Función Pública, dependa absolutamente del mismo Poder Ejecutivo que debe fiscalizar, y a quien debe lealtad política, como para tener garantías de un desempeño autónomo e imparcial.

Así ha sido desde que hace 25 años la creó el presidente Miguel de la Madrid para dar credibilidad a su oferta de renovación moral y simplificación administrativa. Los funcionarios encarcelados parecieron siempre más presos políticos que políticos corruptos, generalmente impunes.

Ahora, cuando el presidente Felipe Calderón alude a sus colaboradores, en primer lugar, como “muy cercanos a mí”, se antoja muy cuesta arriba que los auditores no la piensen dos veces antes de encontrar evidencias comprometedoras contra, digamos, el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño Terrazo, y el director general del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Guillermo Valdés Castellanos, ambos investigados por la Secretaría de la Función Pública.

Salvador Vega Casillas, el titular de la SFP, precisó que las investigaciones no se hacen a pedido, o por presiones mediáticas ni políticas. El problema es que, independientemente de la calidad moral del titular de la secretaría, la línea de mando que cruza a la SFP hace poco factible el combate a la corrupción al interior del gobierno federal.

Es inevitable recordar que investigaciones contra otros relevantes políticos o sus parientes no concluyen todavía o terminan con exoneraciones como ha sucedido con ex funcionarios del sexenio anterior. Quizá los altos servidores públicos investigados hasta la fecha por la SFP efectivamente carezcan de culpa; sin embargo, con la actual estructura gubernamental, no es posible estar seguros.

Esta falta de credibilidad trasciende a partidos y al Poder Ejecutivo federal. Los jueces se evalúan a sí mismos por medio del Consejo de la Judicatura Federal. Los legisladores tienen control sobre la Auditoría Superior de la Federación. Los gobernadores manejan a las contralorías estatales. Los partidos políticos remueven a voluntad a los consejeros electorales que los fiscalizan.

Con ese diseño institucional el combate a la corrupción siempre dependerá de la buena voluntad de los servidores públicos, de quienes la ciudadanía aprendió a desconfiar hace mucho tiempo.

Carretera nueva en una región sin ley

La Secretaría de Comunicaciones y Transportes construye una carretera que comunica a las fronteras de Tabasco y Guatemala. Con 130 kilómetros de frontera sin vigilancia habría que tomar en cuenta cómo incidirá esta obra en el contrabando, la trata de personas y el narcotráfico reinantes en la región.

Hoy, miles de centroamericanos, sudamericanos, cubanos evaden esa garita internacional a través de potreros, montañas y ríos del municipio de Tenosique. La red de “polleros”, el trasiego de droga, armas y secuestros —controlados por el crimen organizado— amedrentan a los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) que antes controlaban el negocio.

Sin ambiciosas medidas de seguridad que acompañen a esta obra sólo se destinará dinero público para que, al final, los criminales tengan una entrada más fácil a territorio nacional.

Es cierto que mejorar la infraestructura de una zona aumenta las oportunidades de desarrollo de la población; pero ¿de qué sirve si el comerciante, el campesino o el transportista serán extorsionados a la primer señal de prosperidad? El restablecimiento de la seguridad es primero.



© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL