Olimpiada en Beijing
Eugenio Anguiano
El Universal

Miércoles 13 de agosto de 2008



Como se anticipaba, la inauguración de los Juegos Olímpicos en Beijing (Bei = norte; jing = capital) resultó un espectáculo extraordinario de coreografía masiva, sensacional manejo de la tecnología más avanzada y, obvio, un despliegue arrollador de juegos pirotécnicos por parte de quienes inventaron la pólvora. Fue, informaron los medios internacionales, la más costosa de las extravagancias de este género en la historia de los Juegos Olímpicos.

La República Popular China demostró su capacidad de organización de este tipo de eventos y pudo superar, al menos por el momento, obstáculos formidables como el del contaminado aire de su ciudad capital y las presiones internacionales por politizar los juegos; mismos que, por otra parte, han sido siempre un instrumento de los correspondientes países anfitriones para divulgar en el mundo su grado de avance económico y organizacional y la bondad de sus respectivos sistemas políticos.

Dos hechos relacionados con la preparación e inauguración de las Olimpiadas de la “capital del norte” resaltan por su significado un tanto controversial. Uno, el que Albert Speer Jr. —hijo del infame arquitecto de Hitler, autor del proyecto de un Berlín imperial y quimérico— haya sido el diseñador del vasto eje norte-sur que corre de la Villa Olímpica, pasa por el Palacio Imperial y termina en la nueva estación ferroviaria de Beijing, lo que motivó a algunos críticos a decir que el precedente de estas Olimpiadas fue Berlín 1936, cuando los nazis estaban en el apogeo de sus sueños de gloria.

En rigor histórico los antecedentes de esta Olimpiada que, con razón, enorgullece a los chinos, son Tokio 1964 y Seúl 1988: dos ciudades asiáticas que ascendieron a las grandes ligas de los espectáculos urbanos globales.

El otro hecho fue que la notable coreografía de la inauguración de las Olimpiadas de Beijing haya estado a cargo del cineasta Zhang Yimou (1951), quien forma parte de la llamada quinta generación del cine chino y es hijo de un soldado del ejército de Chiang Kai-shek, enemigo mortal de los comunistas chinos. Dos películas de Zhang fueron prohibidas en China y, sin embargo, el liderazgo actual no vaciló en recurrir al talento de aquél para asegurar un buen espectáculo. Algunos se apresuraron a equiparar esto con democratización. Ambas lecturas son exageradas; el proceso político interno de China seguirá su propia dinámica, más allá de candilejas olímpicas.

Profesor investigador de El Colegio de México



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