El no
Sara Sefchovich
El Universal

Martes 22 de julio de 2008



Hace 30 años publiqué mi primer artículo en EL UNIVERSAL (pasarían 16 años antes de volverlo a hacer, ya con regularidad), en lo que entonces era la página editorial. Hablé entonces de cinco libros que acababan de publicarse, primeros de lo que en los 80 se convertiría en una verdadera cascada, una moda según la cual se pretendía sacar a la luz “verdades” sobre los poderosos, que se consideraban de importancia política.

Esas verdades no eran otra cosa que chismes sobre la vida privada de empresarios y de políticos, escritos por esposas y amantes, y recuentos de amarguras de ex políticos. Hubo también versiones de acontecimientos, como el golpe contra el periódico Excélsior de Julio Scherer y los sucesos de Tlatelolco que estaban por cumplir una década.

Si lo traigo ahora a colación, no es por celebrar mi propia efeméride ni para recordar esos libros que casi sin excepción son muy malos, sino para comparar dos momentos históricos.

Visto a la distancia, me parece claro que el hecho de que pudieran circular escritos de esa naturaleza (aunque dos fueron confiscados por el gobierno y varios más de plano censurados), con nombre de autor y sello editorial, habla de que se estaban gestando cambios cuyos resultados estamos viviendo hoy.

Me refiero a cambios culturales en la sociedad mexicana, que se generaron a raíz del milagro económico de mediados del siglo XX, por el cual las clases medias adquirieron capacidad de consumir y, entre otras cosas, consumieron nuevas formas de pensar que las llevaron a desear aperturas reales en la participación política y en la libertad de expresión.

Eso condujo a que grupos de ilustrados y de activistas sociales empujaran a las reformas que llevarían a la aparición en el mapa de nuevos partidos políticos que contendieron por el poder y que cambiaron la faz de nuestro sistema político.

Lo que me importa destacar es que, a pesar de las críticas brutales que se hacían en esos escritos al modo de ejercer el poder, a la corrupción, el derroche, el tráfico de influencias y la creación de la crisis en la llamada “docena trágica” —los gobiernos de Echeverría y López Portillo—, eran tiempos del sí, cuando se creía que era posible desenmascarar y combatir al poder con la palabra, la ley y el voto.

Había un convencimiento de que era necesario y posible establecer canales para dirimir diferendos y permitir la participación de los miembros de la sociedad en la formación y funcionamiento del orden político y jurídico.

Hoy eso no existe más. Estamos empantanados en la confrontación constante y viviendo los tiempos del no, de la oposición a todo. No estamos escuchando propuestas, sino solamente negativas a cualquier cosa que se proponga o diga. El discurso político se ha convertido en binario: los malos (ellos) y los buenos (nosotros), unos dicen siempre sí y otros dicen siempre no. Esto es a lo que hemos llegado y la consulta del próximo domingo es un ejemplo más. Pero nuestra frágil democracia puede decir tantas veces no, que todo se paralice y dejemos de caminar.

sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM



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