¿Estamos bien o mal?
Sara Sefchovich
El Universal

Martes 08 de julio de 2008



Hace un par de meses, el diario español El País publicó interesantes afirmaciones sobre América Latina. Decía que el subcontinente ha vivido desde principios del siglo XXI una época de oro caracterizada por procesos democráticos y expansión económica: “Los 500 millones de habitantes están comenzando a recoger el fruto de años de bonanza: cae el desempleo, crece la clase media y retrocede la pobreza”.

En abono a esto, citan a Jordi Flores, director de una consultora y coautor de un informe sobre la economía de la región, quien asegura que este ha sido el lustro más dinámico en los últimos 30 años, la época de mayor desarrollo desde la crisis del petróleo de los años 70 y que lejos han quedado la década perdida de los 80 y los estragos de finales de los 90. Hoy, hay crecimiento del PIB, aumento en el poder adquisitivo de la población, despegue de la clase media.

Lo que explica tanta maravilla es, dicen, la estabilidad y la aplicación ortodoxa de las políticas macroeconómicas, que ha permitido controlar la inflación, reducir el endeudamiento, terminar con los desequilibrios presupuestarios y recuperar la confianza del capital internacional, por lo cual ha crecido de manera importante la inversión extranjera. A ello se agrega el despegue de economías como China e India, que compran materias primas en nuestros países, cuyos precios son altos.

El optimismo de esta visión es tal, que no sólo aseguran que “en lo que va del siglo, el porcentaje de la población latinoamericana que vive en situación de extrema necesidad ha disminuido de 48% a 35%, y si continúa ese ritmo, el continente será capaz de cumplir con el objetivo de una reducción de la pobreza a la mitad para el 2015”, sino que incluso aseguran que existe capacidad en los países latinoamericanos para atenuar los efectos de la desaceleración económica mundial.

Las alegres declaraciones europeas se parecen a las de instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, a las de políticos como el secretario de Hacienda de México y a las de empresarios como Carlos Slim.

Sin embargo, otros no piensan así. Para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, las políticas de mercados abiertos y de liberalización económica dejaron sin empleo a millones de personas, y tanto el campo como el pequeño comercio están en situación de absoluta desventaja en todo lo que vaya más allá de la subsistencia. Y los estudiosos insisten en que las políticas neoliberales le han hecho mucho daño al continente y que “urge olvidar el consenso de Washington”. En estas páginas, Francisco Valdés escribió hace algunas semanas un artículo al que tituló “América Latina: desesperanza sin fin”, en el que asegura que en las democracias jóvenes y precarias del continente, los niveles de desigualdad y disparidad son tales, que “América Latina ofrece el panorama de un verdadero desastre sociopolítico”.

¿Cómo es que la misma situación se analiza como jauja por algunos y como desgracia por otros?

sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM



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