Ya está en libertad
Mayté Noriega
El Universal

Sábado 05 de julio de 2008



En los noticiarios de medio día empezó a filtrarse la información. “Ingrid Betancourt había sido liberada”. No había imágenes del operativo en la tv aunque algunos corresponsales, desde distintos lugares de Colombia, confirmaban la noticia. A la sorpresa que provocaba la liberación se sumaba la de la limpieza del operativo. No se disparó un solo tiro.

El ejército colombiano, en un operativo magistral, liberó a Ingrid, a tres a de EU y a 11 militares secuestrados por las FARC. Con la liberación de la ex candidata presidencial de Colombia, las FARC perdieron a su carta más fuerte de negociación con el gobierno colombiano; Hugo Chávez perdió su papel de negociador privilegiado con la narcoguerrilla colombiana y quedaba descartada la posibilidad de diálogo con las FARC, que han sufrido bajas importantes en operativos exitosos organizados por el gobierno de Álvaro Uribe, algunos de ellos cuestionados.

La descripción de la Operación Jaque, a cargo de Juan Manuel Santos, ministro de Defensa, puso al descubierto un trabajo de inteligencia impecable. El Ejército colombiano logró infiltrar el comando de las FARC de manera audaz y efectiva. A tal grado que ninguno de los siete miembros de la cúpula de las FARC se opuso a las órdenes de trasladar a los rehenes a la zona que se había destinado para el aterrizaje de los helicópteros que habrían de llevarlos a la libertad.

Álvaro Uribe apareció de pronto en la tv, atento al informe del ministro de Defensa que le informaba de la liberación exitosa de los rehenes. No buscó el protagonismo, por lo menos no fue eso lo que se vio en México. Eso habla bien de él, como habla bien de él la decisión, a contrapelo, de acabar con las FARC, no en una actitud revanchista sino institucional. En un afán de implantar el estado de derecho en su país.

La protagonista fue Ingrid Betancourt. Aquella mujer que seis años antes de su secuestro hacía campaña como candidata a la Presidencia, mujer luchadora y rebelde, contestataria, que hacía cosas políticamente incorrectas como regalar condones o hablar del sida. Una mujer convencida de que Colombia podía ser un mejor lugar para vivir y tal vez lo sea.

Su imagen no fue la de una mujer derrotada o abatida como lo había manifestado en una carta dirigida a su madre meses antes. Sonreía y daba gracias. Era el día de su liberación, el día en que volvería a ver a sus hijos, en el que volvió a abrazar a su madre y a su esposo. El día en el que volvería a dormir en una cama y con un techo, que marcaba el fin de la hostilidad, la agresión y la humillación de todos los días. Día del regreso a la convivencia familiar, a los abrazos, a las palabras entrañables. Todo eso representaba la libertad para Ingrid, que dijo que empezaba también una etapa de paz para Colombia. Elogió el operativo de rescate y defendió a las fuerzas armadas de su país porque, dijo, “están de nuestro lado”.

No hubo filtraciones. Fue un trabajo de equipo sin medallas especiales para nadie y el reconocimiento para todos. Fue un ejemplo al mundo. Un mensaje claro para aquellos que compran simpatías y liderazgos de pacotilla o para quienes en la inacción encuentran la mejor forma de perpetuar sus privilegios.

mnoriega01@prodigy.net.mx

Periodista



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