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| Europa: fortaleza antimigratoria |
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Horacio Saavedra
El Universal Sábado 05 de julio de 2008 |
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Europa acumula blindajes antimigratorios. Como en la Edad Media, explora formas para amurallarse y repeler a los forasteros indeseados. Los actuales gobiernos requieren sofisticados sistemas de selección, puentes, trincheras y fortalezas ante los migrantes. Esta sociedad de adultos sin niños reconoce que necesita extranjeros, pero no del perfil de los que están recibiendo. El 7 y 8 de julio son días decisivos para el futuro inmediato de los migrantes en la UE. El segundo semestre de 2008 Nicolas Sarkozy toma la presidencia del Consejo de la Unión y se prevé que encabece una política de restricción migratoria parecida a la que promovió en casa. El “Pacto de Inmigración”, que presentará en Cannes, promueve aumentar controles fronterizos y armonizar patrones de repatriación. Las iniciativas de un “Contrato de Integración” generalizado y un régimen común de asilo se vislumbran de antemano sin consenso entre los 27 países miembros. Según sus simpatizantes, en Francia estas medidas han sido conciliatorias y guiadas por una estrategia de zanahorias y garrotes. Después de los enfrentamientos callejeros de 2005 y 2007, no podía ser del todo intolerante con los extranjeros, en gran parte provenientes de las ex colonias francesas. En febrero de 2007 ofreció entrenamiento laboral para 100 mil jóvenes, educación alternativa e infraestructura para los que no hubieran terminado la secundaria. Los suburbios recibieron 4 mil nuevos elementos de policía para mantener el orden. En España, con la caída del boom económico también se desplomó la simpatía por los inmigrantes. El gobierno socialista moderó las propuestas prohibitivas del PP, firmó acuerdos de trabajadores visitantes con Marruecos y Senegal y regularizó a 800 mil extranjeros en 2005. Pero las restricciones legales van en ascenso, como las barcas llenas de visitantes africanos. En 2007 el desempleo aumentó a 8% en los ciudadanos españoles y a 12% en los extranjeros. A esto se suma el atávico asunto de los asentamientos gitanos. Italia, por su parte, mezcla acciones coercitivas internas con una política exterior progresista. Ya que no han podido extirpar a los indocumentados, al menos los alejan de las zonas ricas. El clímax de repulsión se materializó este 18 de junio en el Parlamento Europeo. Manfred Weber, el legislador alemán de Bavaria, impulsó con éxito una ley que permite recluir a indocumentados hasta 18 meses y prohibirles la entrada a la UE por cinco años. En Reino Unido, Francia y Austria se aplaudió la disposición, que incluso los socialistas españoles apoyaron. A la fecha, la UE suma 224 centros de detención para migrantes, mas con la capacidad para sólo 30 mil 871 “ilegales.” Los europeos occidentales parecen olvidar su pasado colonial, la porosidad de sus fronteras y que los migrantes son personas protegidas por los derechos humanos. Buscan extranjeros trabajadores, bien educados y que absorban las costumbres locales, pero también se aproximan pobres, refugiados, los que protegen su cultura y los que ven a la próspera Europa como la ex metrópoli que saqueó a su patria en el pasado y la que les debe una reivindicación histórica. Es sintomático que las presiones demográficas vengan de áreas en las que los europeos sacaron provecho: África negra, el Magreb, India y lo que fue el Imperio Otomano. Es decir, la UE está poniendo murallas contra los pueblos previamente intervenidos. Coautor del libro ‘¿Sin Fronteras?’
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