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Eugenio Anguiano
El Universal Miércoles 02 de julio de 2008 |
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Entre las historias de políticos contemporáneos pocas resultan tan dramáticas para los pueblos que los soportan como la de Robert Gabriel Mugabe. Nacido en febrero de 1924 en el norte de lo que entonces era Rhodesia, en una zona predominantemente shona e hijo de un carpintero que abandonó a la familia cuando Robert tenía 10 años, por lo cual él fue puesto en una misión católica, donde se educó en sus primeros años de formación, Mugabe se convertiría más tarde en un héroe de la independencia de Zimbabwe y hoy en su tiránico dirigente, por sexta vez reelecto presidente de su empobrecido país, mediante una elección escandalosamente tramposa, incluso para un entorno cuajado de fraudes y violencia electoral como lo es el africano. El 29 de marzo de 2008, el Movimiento por el Cambio Democrático, liderado por Morgan Tsvangirai, de extracción sindicalista, derrotó en la urnas al viejo dictador de 84 años, por 48% contra 43% de votos, pero las autoridades electorales, manipuladas por Mugabe, dejaron primero de informar resultados oficiales, claramente desfavorables a la Unión Nacional Africana de Zimbabwe-Frente Patriótico (ZANU-PF), la coalición oficialista, y luego anularon las elecciones por “irregularidades”, convocando a una nueva ronda que se llevó a cabo el 27 de junio, sin la participación del líder de oposición, quien debió refugiarse en la embajada de Holanda en Harare, ante la brutal violencia desatada contra él y sus simpatizantes. Utilizando a soldados vestidos de civil, veteranos de la guerra de independencia y jóvenes desempleados, Mugabe amedrentó a sus opositores. Quebraduras de huesos, palizas, mutilaciones y asesinatos acabaron con la voluntad cívica de los votantes. Como era de esperarse, Mugabe ganó esta segunda ronda y el viernes mismo asumió su sexto mandato, presentándose el lunes, con todo cinismo, a la cumbre de líderes africanos en Egipto, sabedor de que el gobierno de Sudáfrica se niega a condenarlo para evitar más violencia. Pudiera suceder que este tirano deje el poder antes de concluir su periodo de seis años, por “causas naturales”, pero mientras eso no suceda seguirá empobreciendo a un país en franco retroceso. ¿Por qué un héroe de formación universitaria devino en dictador? El subdesarrollo es campo propicio para la demagogia, y Mugabe esconde sus atrocidades detrás de una retórica antirracista, pero es obvio que ha dañado más a su pueblo que Ian Smith, el último gobernante blanco de Rhodesia. Profesor investigador de El Colegio de México
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