Puebla, reino de la opacidad
Editorial EL UNIVERSAL
El Universal

Martes 24 de junio de 2008



La transparencia es la madre de la rendición de cuentas. Si no sabemos lo que los gobernantes hacen, y cómo, estamos impedidos de fiscalizar su tarea. En la penumbra, los gobernantes medran y protegen su impunidad. Sin supervisión, el sistema democrático está cojo: puede elegir a los funcionarios, pero desconoce si cumplen con su encargo al pie de la letra, con integridad y honradez.

La lucha por abrir la función pública al ojo ciudadano avanza penosamente en el Poder Ejecutivo federal, pero se atora en el Judicial y en el Legislativo y retrocede visiblemente en los gobiernos de los estados.

En Puebla, al góber precioso, Mario Plutarco Marín Torres, parece pesarle demasiado su segundo nombre y actúa como jefe máximo que abusa del autoelogio, aplica la censura y ejerce la cooptación para mantenerse intocable, a pesar de los excesos que han marcado su sexenio, notablemente el atropello de la periodista y escritora Lydia Cacho, que casi eclipsó la grave denuncia de pederastia contra particulares y políticos.

Cientos de millones de pesos se usan con vaguedades para encubrir su destino por diputados de todos los partidos políticos a quienes no basta su excesivo salario.

No es el único caso. En Veracruz, el gobernador Fidel Herrera Beltrán protege los gastos y salarios de su régimen por seis años, tres más de los que tendrá responsabilidades. Sólo lo pone nervioso que su viejo par y enemigo Miguel Angel Yunes Linares sea su sucesor.

En Zacatecas y otros estados, el indebido gasto para apoyar candidaturas de sus partidos fue escandalosamente denunciado, y en Jalisco, el propio gobernador reveló sin recato cómo apoya libremente a quienes prefiere, empresas de comunicación o jerarcas religiosos.

Porque la otra cara de la falta de transparencia es el cinismo, o la doble contabilidad de los ingresos públicos.

El gasto es detectable, pero los ingresos son imposibles de identificar y de rastrear, cuando no hay honestidad en el poder público.

Más certeza a las telecomunicaciones

La restitución en sus cargos de dos consejeros de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) brinda nuevamente certidumbre a un sector cada vez más importante en esta sociedad de la información.

Primero, porque despeja presuntas injerencias de poderes fácticos en la remoción de Gonzalo Martínez y Rafael del Villar, y segundo, porque elimina el obstáculo que representaba que el Senado pudiera vetar a los candidatos propuestos por el Presidente bajo criterios políticos propios.

La autonomía de la Cofetel es indispensable ya que tiene la facultad, nada menos, de otorgar concesiones de radio y televisión y definir los criterios de operación de cable, telefonía y servicios multimedia que representan ganancias cada vez mayores. Tan sólo en el primer semestre de este año la industria creció 36.4%, un avance sin precedentes desde que se mide el Índice de Producción del Sector Telecomunicaciones (ITEL), en 1999.

Lo que falta ahora es dar a la Cofetel y a la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) facultades legales para controlar y sancionar en caso de prácticas monopólicas a los grandes consorcios que hoy dominan las telecomunicaciones y otros sectores.



© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL